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Mi 2016 en letras.

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      El 2016 para mí fue una montaña de sentimientos, emociones de todo tipo y mucha incertidumbre. Apartando la situación crítica que vive mi país que nos ha afectado a todos por igual, he podido realizar cosas geniales.  Por ejemplo: Estoy ya a muy poco de obtener el título de Comunicador Social de la Republica Bolivariana de Venezuela. Realicé unas pasantías increíbles en 2 de las emisoras más importantes de uno de los mejores circuitos radiales del país. Asistí a eventos especiales para ofrecer una cobertura completa a las emisoras en las que hice las pasantías. Recobré la valentía y la autoestima que había perdido durante mi etapa de gordo (Que fue muchísimo tiempo)

Mientras hacía la producción de los programas, me codee con gente que jamás en la vida me imaginé toparme: Artistas, eruditos de la tecnología, políticos importantes, médicos, emprendedores, psicólogos, psiquiatras, ingenieros reconocidos, arquitectos de renombre, y un sinfín de personas que llenaron con su sabiduría ese espacio al que fueron invitados para difundir sus trabajos.

Encontré habilidades que se habían desaparecido entre las millones de responsabilidades que exigía la universidad, hice yoga por un tiempo y me sentí demasiado bien, desempolvé mis ganas de tener hobbies distintos a los demás. Tomé una de las mejores decisiones de mi vida: realizarme un bypass gástrico, aunque esto no fue viable porque así estaba escrito, encontré una manera más saludable de ir rebajando poco a poco.

Tuve el cumpleaños más atípico de mi vida: Mientras todos los años yo me ponía la mejor pinta para celebrarlo, este año fue diferente, le hice caso a mi corazón y dejé que todo fluyera. No me acartoné con la ropa más bonita y le di paso a una celebración más humana. De vez en cuando hacerle caso al corazón, no es más que abrazar a esa persona que algún día fuiste.

Pero no todo fue bonito, también dentro de mi ocurrieron muchísimas cosas, descubrí situaciones del pasado no resueltas que en el presente han venido a tocar la puerta para decir aquí estoy, resuélveme para que sigas adelante. Y aunque estoy tratando de afrontarlas, duele saber que aún están ahí y que perdí muchísimo tiempo evadiéndolas. Pero la vida se trata de eso: De perdernos, encontrarnos, caernos, levantarnos y cumplir con la misión que nos corresponde.

Desde ya estoy haciendo la cola con un manojo de nervios y expectativas, para montarme una vez más en la montaña rusa llamada -2017- que ve a saber tu a donde me llevará, lo que les puedo asegurar, es que este 2016 fue uno de los mejores años de mi vida porque puedo traducirlo en una sola palabra positiva: Evolución.

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El espejo Mágico.

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Había pasado mucho tiempo desde que volví a caer, la oscuridad se apoderó de mí, miles de pensamientos negativos revoloteaban por mí cabeza y solo me sentía roto por dentro. Mis insistentes ganas de llorar me tomaban por sorpresa todos los días y a cada rato, es ahí cuando gritaba la infelicidad que sentía, cada vez este grito se hacía más y más fuerte y nunca había encontrado la manera de callarla.

Mis fuerzas, la valentía que alguna vez me caracterizaba, la sonrisa que se me dibujaba en la cara cada mañana al despertar, mis ganas de vivir y de luchar por lo que quería se tomaron unas interminables vacaciones, todo lo antes mencionado tomó una gran maleta, metieron sus cosas y se fueron a vivir a otro lugar muy lejos de mí. Esto ocurrió desde que pisé los 20 años y mi vida empezó a hundirse en un espiral de desilusión, vacíos, y vicios que no me llevaban a nada bueno, pero dentro de mí siempre supe que había algo bueno, esas ganas de querer cambiar nunca se me fueron.

Un hecho particular me ocurrió en esa mañana del 20 de abril, me desperté como todos los días, me levanté de la cama y fui a cepillarme los dientes. Para llegar al baño tengo que pasar frente a un espejo, al pasar rápidamente por este escuché un grito muy fuerte. Todo esto me asustó un poco, me sentí algo raro, di unos pasos hacia atrás y me vi al espejo. Este me mostraba una cara muy desmejorada, un cuerpo ya adentrado en los años y de repente la persona que se reflejaba ahí dentro me habló. Sí, no estoy loco, emitió un sonido. Primero creí que lo que me estaba ocurriendo era parte de las alucinaciones de la mezcla de drogas y alcohol que había consumido la noche anterior, pero luego recordé que solo había bebido una sola copa y entendí que era real lo que estaba oyendo.

Era completamente inentendible lo que este me decía, empecé a ponerle atención a todas las palabras que podía escuchar y no podía entender. Acerqué mi mano al cristal, y la retiré lo más rápido que pude, sentí una absorción extraña. Me asusté y salí corriendo. Me cepillé rápidamente y salí a caminar un rato.

Caminaba por una acera y no pare de pensar en todo lo que había ocurrido esa mañana, cada vez que me imaginaba la situación, el miedo me tocaba una vez más la puerta, me senté en un banco a llorar porque recordé esa última vez que me miré al espejo. Un hombre deteriorado por todas las drogas, el alcohol, y una vida llena de excesos que me llevaron a ser lo que ahora soy, una persona solitaria rodeada de gente con intereses “similares” a mí. Pero aún así me sentía la persona más sola del mundo junto a millones de personas que seguían en el mismo espiral de miseria y decadencia que yo.

Al día siguiente, desperté con ganas de pasar por el espejo que estaba antes de llegar al baño para ver que sucedía, salí de la cama, puse los pies en el suelo y la incertidumbre se acrecentaba a medida que iba recorriendo el corto espacio que había entre el cuarto y el baño. Acercándome, venían millones de preguntas a mi cabeza, ¿Qué pasará? ¿Oiré el mismo grito de ayer? ¿Quién me hablaba? Me paré en frente del espejo, y escuché el mismo grito de la mañana anterior, estiré mi brazo izquierdo hasta tocar el cristal del espejo, sintiendo todo el miedo recorriendo mi cuerpo. Minutos después se apagaron las luces, todo quedó completamente oscuro y empezaron a pasarme una ráfaga de imágenes donde me veía yo consumiendo todas las drogas que me habían llevado hasta donde estoy hoy. Seguidamente caí en el suelo, me pare rápidamente y seguí caminando por el pasillo hasta que apareció una imagen de mi mismo invitándome a que abriese una puerta que estaba cerrada.

Al abrirla, me encontré con una escena muy desalentadora, la representación de mi mismo me comentó: “Esa fue la última vez que tomaste hasta quedar inconsciente, ¿Eso es lo que quieres de ti?” luego, nos movimos hacia otra puerta y se abrió de la nada mostrándome otra de las imágenes donde me veía en una cama tanto con mujeres como con hombres. Ahí desde mis espaldas escuché la voz de mi mismo diciéndome “Esta fue una ocasión que terminaste drogado y bebido dentro de una orgía con más de 20 personas con tus mismas fachas ¿Esto es lo que realmente te gusta? Cerró la puerta y continuamos el camino, giramos el pestillo de otra puerta y nos encontramos con una situación muy denigrante en mí vida, cuando robé a un niño su dinero para comprar una carterita de licor y una bolsa de anfetaminas para seguir hundiéndome en la nada y ocultar la vergüenza que me generó el haberle robado a ese pobre niño que ni sé del esfuerzo que sus padres hicieron para poder obtenerlo. Mi pepe grillo, así decidí llamarlo me dijo “¿Eso es lo que realmente quieres ser?” haciéndome sentir aún más mal de lo que me sentía. Al salir del cuarto y seguir caminando me encontré con la que era una puerta de salida, al abrirla no fue la calle lo que me encontré, cuando entré vi la peor escena que he podido presenciar en mí vida, el día que me acosté con una señora mayor por unos céntimos para poder adquirir lo que me llevaba a la gloria durante horas, pero al pasar su efecto llegaba a mí la sensación de vacío que me había acompañado por muchísimo tiempo, una vez más la voz de mi representación me habló, pero con mucho más enfado y me preguntó ¿Por esto es lo que realmente luchas? Al salir de ese sitio me encontraba devastado, con una ansiedad que pisaba mis límites dejándome con las ganas de beber y de drogarme para olvidar todo lo visto, pero caí al piso y junto a mí las lágrimas que había guardado durante todo este tiempo. Justamente sentí que alguien me agarró del mentón, cuando levanté la cara vi que era yo de niño.

¿Este era en realidad mi niño interno invitándome a jugar? ¿Qué hacía aquí? ¿En qué momento quedó atrapado en este pasadizo de tiempo? Hizo que me levantara y me tomó de la mano invitándome a otro cuarto, abrimos la puerta y aparecimos en un parque donde los columpios se movían poco a poco, al voltear me encontré con ese niño de mirada perdida que un día fui, riendo y disfrutando de un bonito día soleado. Ahí empecé a buscar dentro de mí, ¿desde hace cuanto no disfruto un día lleno de sol y sonrisas? ¿Desde hace cuanto no me tomaba un tiempo para meditar todo lo que había hecho? Esas eran las interrogantes que me abrumaban en ese momento.

Solté la mano de mi pequeño amigo, y le di un fuerte abrazo al niño de la mirada perdida dejándole en claro que todo iba a estar bien, me sonrió y estiró sus cortos brazos bordeando mi torso como queriendo decir que jamás lo volviese a dejar solo dentro de ese mundo. Así sellamos esa gran promesa que nos hicimos mutuamente de nunca abandonarnos el uno al otro. En solo instantes, mi pequeño amigo me volvió a agarrar la mano, y me adentró en el parque para que viera a mi familia teniendo un día de picnic compartiendo comida, abrazos y un poco de nuestras historias del día a día. La última vez que vi a mi familia fue hace 2 años, salí huyendo de mi casa luego de que mis papas se dieran cuenta que consumía cualquier tipo de estupefacientes para ahuyentar los demonios que se vinieron a vivir en mí luego de que los espantara del armario. No quería reglas, no quería responsabilidades, no quería rendirle cuentas a nadie, me sentía el rey del mundo, cuando en verdad solo era un pobre diablo al que se le había detenido la vida porque dejó que esta pasara por él y no él pasara por ella.

Luego de haber caminado todo esto alcé mi brazo y vi mi reloj, era muy tarde. Se me acercó un hombre vestido de negro y me dijo que solo podía salir del espejo si buscaba resolver el acertijo que me iba a entregar. Sacó de su maletín una caja negra y me la entregó. Al abrirla me conseguí con un pequeño espejo redondo. A su lado había una nota que rezaba “La soledad comienza cuando dejas de vivir contigo mismo” Alcé el espejo y vi como fueron desapareciendo los cuartos donde se encontraban las malas experiencias. Salí corriendo a abrazar a ese pequeño niño de mirada perdida, le grité que lo amaba y me acerqué a mí familia para gritarle lo mismo, los abracé, las lagrimas brotaron y se me volvió a aparecer el hombre vestido de negro, esta vez salía de una puerta a la cual me invitó a pasar. Al pasar, di algunos pasos, se apagaron las luces por un momento y luego sentí un escalofrío que iba ocupando cada milímetro de mi ser y aparecí en frente del espejo que estaba cerca del baño.

Llegué a mí cama, busqué una sabana y me acosté a dormir. A la mañana siguiente me encontré en el mismo camino, con el mismo espejo, y con el mismo grito. Esta vez si podía oír bien lo que decían, era algo como: “Si tú no puedes vivir contigo. ¿Quién lo hará?” pero con tanta distorsión que había en mi cabeza, nunca iba a entenderlo bien.

 

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Otro shot para olvidar.

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Mis días siempre han sido un infierno que no tiene reparo, aunque busco la manera más elocuente para salir de este, termino sucumbiendo ante la llamada de aquel espiral lleno de decepción, tristeza, soledad y oscuridad en el que se ha convertido mi vida desde que tenía 15 años.

Desde que me despierto por las mañanas, los pensamientos que cobijan mi mente, son aquellos que me trasladan a épocas lejanas en donde las desdichas en las que vivía se apoderaban de mí. Violaciones, maltratos, insultos y golpes proporcionados por mi propia familia. Lo sé, mi vida no ha sido fácil. Me levanto para desayunar un tazón de cereal, y mis lágrimas recorren mis mejillas al pensar que mucha gente no lo puede hacer. A veces siento dentro de mi ese vacío de no poder hacerles llegar algo, pero se me pasa al ver los restos de mi sobrevivencia en un cuarto 2×2, que cuenta tan solo con una nevera con muchas jarras de agua, un cartón de leche, una vieja cama con olor a moho y un closet en donde guardo los pocos enseres que poseo.

Lo único que me motiva a seguir viviendo es que llegue la noche, pero antes voy 8 horas al trabajo a encontrarme con jefes mal encarados, compañeros que van siempre en la búsqueda de saciar su cuota de morbosidad hurgándoles la vida a los demás, alimañas de la administración pública que su única aspiración en la vida, es que su jefe tenga los testículos por debajo de los tobillos para no ser los próximos en la lista de despidos cuando hagan un nuevo recorte de personal en la entidad. Luego de entrar a trabajar en esta pocilga, me doy cuenta que mi destino se montó en el tren que va directamente hacia la mediocridad, y por más que trate de cambiarme, este corre tan rápido para que no me baje.

Durante las horas que paso en mi trabajo, la ansiedad de no saber que voy a hacer en la noche me consume. Llegan las 3 de la tarde, y mi teléfono empieza a sonar sin parar, invitaciones vienen y van a clubes nocturnos, a casas de amigos, a fiestas hasta el amanecer e inclusive a un viaje ida y vuelta a la playa. Tomar la difícil decisión de donde ir, me toma mucho más de 45 minutos, nunca me ha tomado menos. Llego a la casa, tomo una ducha rápida y cubro mi cuerpo con un vestido de satín color negro, que posee un escote en v, y muestra mucho más de lo que debería. Me maquillo sencillamente, me coloco mis pestañas postizas, mis extensiones y unos tacones negros de más o menos 20cm de altura.

Caía un poco más la noche, y llegaba directamente junto a mi grupo de “amigos” al área lounge de la discoteca de moda. Ya los dueños de dicho local nos conocían y recibían con el servicio que pedíamos cada vez que pisábamos sus instalaciones. El primer trago siempre me servía para entrar en ambiente. Me sentía desinhibida y mucho más sexy a las miradas de los hombres.

Cada vez que me servía otro, sentía como mi pasado se iba borrando conjuntamente con mi vista. Cada bebida que me tomaba, era como si tuviese dentro de ella el poder de ir secando todas las desdichas que habían ocurrido en mi vida. Pasada la media noche, llegó la ronda del tequila, esta hacía que cada mililitro de alcohol que entraba en mis venas, fuese arrancando de mi piel todos los besos y las caricias dadas por aquellas personas que me sostuvieron entre sus brazos de manera forzosa sin consentimiento alguno.

Minutos después llegó el momento del Martini, con cada trago de este, sentía como los recuerdos de aquellos insultos propiciados por quienes “me querían” se iban desapareciendo e iban apareciendo en sus bocas halagos a mí persona. Microsegundos más tarde llegaron los tragos dulces, esos que sin importar su buen sabor, no dejan de ser el líquido mágico que se expande por mi sistema venoso, cerrando cada herida hecha por las golpizas patrocinadas por los que alguna vez dijeron que me querían.

En definitiva, el efecto que producía en mí el alcohol, era el mismo efecto que produce la apertura de una jaula a un pájaro. Una sensación de haberme quitado de encima todo lo que me oprimía, haciendo que me desensimismara de las 4 paredes de mi ser. Sintiendo así la libertad que nunca había tenido porque jamás en mi existió la posibilidad de buscar las herramientas necesarias para destruir los barrotes que formaban aquel enrejado de metal que no me dejaba volar al futuro que merecía. Pero como todo lo bueno tiene su fin, esta sensación se esfumaba cada vez que la aguja del reloj caminaba de las 5:59 a las 6:00 am.

El sol salía, y la rutina junto al espiral de decepción, tristeza, soledad y oscuridad llegaba una vez más a mi vida, arropando cada hora, cada minuto, y cada segundo que comprendía mi día hasta que llegara la hora deseada.

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Sólo espero una última llamada

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Una vez más estoy sentado en la misma silla esperando su llamada, la última vez que hablamos fue hace un par de meses. Me comentaba que su día había sido fantástico. Y con su voz yo dibujaba su rostro y la expresión con la que me decía las cosas, su tono de voz teñía la situación de color sepia dándome pie para imaginar toda la historia que me contaba.

Lamentablemente, la intensidad de sus llamadas bajó cuando apareció él en su vida, un hombre de tez blanca, alto de ojos azules, un poco más fornido que yo y con una vida muy interesante, por lo que escuché es dueño de uno de los bancos más prestigioso del país. Pero así son los ex`s, cuando todo termina no hay vuelta atrás, la cosa es que ella y yo no pusimos limites a la hora de irnos de la vida de ambos. Suena muy raro eso, pero así ha sido, dia a dia, le agregábamos un poco más de leña al fuego, hasta que llegó él a embadurnarla con joyas, viajes y todo lo que yo no podía darle.

Sigo enamorado de ella, lo que pasa es que ya no es la misma, aún sigo anclado a esa mujer de la que me enamoré esos primeros años, cuando esta no conocía lo que era la vida cara. Hay confesiones que se hacen una vez en la vida, esta es una: 50 años después, ambos ya nos hemos casado y divorciado de nuestras respectivas parejas, tenemos 3 hijos cada uno, y ya estos están grandes, me siento todas las tardes a esperar por lo menos que me llame por última vez para escuchar su voz e imaginarme toda la historia en color sepia.

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Mi primer encuentro paranormal en la ciudad del caos

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¡Hey! Tenía tiempo sin pasar por acá por todas las ocupaciones que tuve durante este semestre en la universidad, pero ya estoy de vuelta, como siempre, en vacaciones. Acá traigo una nueva historia, de esas que escribo durante el tiempo libre que me queda en la época universitaria. ¡Espero la disfruten!

Luego de haber terminado la semana de promoción en la ciudad de Berlín junto a la marca de perfumes que estoy trabajando, decidí tomarme 1 semana de vacaciones en una de las ciudades más bellas del mundo. Mientras unos prefieren ir a visitar la calurosa isla de Bali, pasearse por las pirámides de Egipto, disfrutar de los atardeceres o amaneceres en áfrica, quedarse en un hotel 7 estrellas, a mí me parece maravilloso escaparme a una de las urbes más enigmáticas y a su vez caóticas, Nueva York.

Hoy fue uno de esos días para recordar, no tenía muy claro cuándo fue la última vez que decidí alejarme de la gente de seguridad, de los intransigentes paparazzis y de la cantidad de personas que están a mí alrededor todo el día. Necesitaba ese momento de esparcimiento, volver a sentir el roce de las verdaderas personas, un abrazo de esos que te llegan al alma y te hacen sentir vivo de nuevo. Tomé un bolso pequeño, metí mi pasaporte, arroje unos cuantos dólares y salí a pasear por el downtown de esta increíble metrópolis.

Caminé por más de 2 horas viendo vitrinas de tiendas y rememorando los viajes de cuando era niño junto a mí familia. Mi papá pidiéndonos que nos amontonáramos como sardinas para tomarnos una foto de recuerdo, mi madre entrando a las tiendas y sintiendo la tela del traje que estaba de moda, mi hermana como siempre encerrada en la música que estaba sonando en el walkman que se acababa de comprar y yo buscando el juguete más caro de la temporada para pedírselo a mis progenitores.

En frente de nosotros, una pareja de homosexuales se besaba cálidamente sentadas en un banco, una de ellas se levantó y le dijo a mi padre para tomarnos la típica foto familiar que enmarcaríamos al llegar a casa y la ubicaríamos en la mesa central de la sala, esta sería uno de los tópicos de conversación más tocados por mi madre cada vez que llegaran los vecinos o amigos a visitarnos.

Al terminar de recordar esos buenos ratos, me vi envuelto en un tumulto de gente a punto de bajar las escaleras para la estación del metro, una señora iba tan apurada que podía verse el celaje que dejaba al caminar, en los parlantes sonaba new york new york de Frank Sinatra y a mí lado iba un niño que su llanto estaba impregnado por el cansancio de haber caminado unos kilómetros al supermercado para comprar pan y leche.

Al salir del metro me encontré con una ciudad que no había visto, la gente que transitaba en ella era diferente al resto, el sol se había ocultado y la noche pintaba una tenue brisa helada, capaz de enfriarle los pensamientos hasta la persona más latina que pisara la localidad, al subir las escaleras me topé con un suelo sucio manchado de aceite, en este estaba sentado un indigente que vestía ropa rota, estiraba su mano buscando a la persona indicada que le lanzase unas cuantas monedas para poder saciar sus ganas de embriagarse y olvidar la vida que estaba viviendo.

Caminando un poco más me encontré con una especie de iglesia cristiana donde cantaban una canción en latín con un ritmo parecido a una de pitbull, aunque nunca dijeron el famoso “Dale” y el “Ya tu sabe mami”, estoy seguro que el cantante antes mencionado le pirateo un sampler. Dejando la iglesia, unos metros más adelante conseguí una pizzería muy famosa de Brooklyn llamada ‘Di fara, me acerqué al dependiente, ordené un trozo de pizza y una coca cola. 3 mesas a la izquierda sentí una mirada de esas que penetran, incluso cuando estaba comiendo, este hombre no me dejaba de mirar.

Terminé mi comida y llegó por medio de un camarero un papel que decía: Te espero en el cuarto 24 del “Galaxy motel” fruncí el seño dejando claro que rechazaba su invitación, tomé el bolso y seguí caminando por las calles de Brooklyn. La noche se dibujaba cada vez más helada, crucé una avenida tratando de encontrar la estación que me llevaría de vuelta al hotel donde me hospedaba y ya estaba cerrada.

Seguí andando por una calle que desembocaba en un oscuro callejón, las luces se fueron opacando, mis movimientos se fueron ralentizando, todo lo que captaba mi campo de visión era como una película en cámara lenta, hasta que caí tendido en el piso.  Al despertar conseguí levantarme y me vi rodeado de ratas en un lugar lleno de basura rociado por uno de los peores hedores que ha podido percibir mi nariz.

Desvalido y algo confundido, intenté caminar pero no tenía fuerzas para moverme y caí al suelo, unos segundos después se acercó el mismo hombre que me extendió la mano para pedirme las monedas y así beberse un sorbo de alcohol que lo llevase a embriagarse y olvidarse de todo lo que estaba viviendo. Borracho y algo drogado decía: “Tenemos la joya de la corona, ahora si podemos comer, beber y drogarnos como reyes” reía y festejaba, dejando así en evidencia que me encontraba bajo los efectos de una droga propiciada por este mendigo. Al voltear hacia el otro lado, oía como murmuraban todos aquellos indigentes que bordeaban las aceras cercanas al lugar.

Entre ellos se encontraba una señora de piel desgastada, con una voz muy tenue que gritaba “Viva, Viva, ahora si vamos a ser felices” a su lado estaba un anciano de pelo blanco, algo golpeado por los reveses de la vida gritando “Ahora sí, todos gozaremos de una buena vida” En el otro lado de la acera, se encontraba una señora no muy mayor con un vestido rojo que tenía una abertura en los lados, esta también se encontraba drogada y muy golpeada.

Rápidamente al notar que me había despertado, el señor que tendió la mano en el metro unas horas antes me dijo: “Me imagino que ya te está buscando tu gente, mariquita, espero que tengas una buena faja de billetes en la cuenta bancaria”  al voltear hacia el otro lado una potente luz blanca incendió mi retina, segundos más tarde pude distinguir que era la luz de un carro viejo que venía rodando por el medio de la calle, sin dejar rastro alguno de smog, siguió de largo y paró unos metros más adelante.

De este se bajó un hombre de color vestido de blanco, el indigente se levantó de la silla en la que estaba y desenvainó su filosa navaja acercándose a la yugular del hombre para amenazarlo con un “Te vas de aquí o te mato”  Sin pensarlo dos veces, el hombre de color desembolsillo un arma de fuego cargada y la disparó quitándole inmediatamente la vida.

Este hombre de color caminó hasta mí y me cargó en sus hombros hasta su automóvil, yo extrañado al ver la acción de esta persona pregunté: “¿Quién es usted?” él respondió: “un viejo amigo” unas cuadras más adelante detuvo su carro en frente de la estación del metro, se bajó y me dijo “Venga, yo lo acompaño” bajando así las escaleras y llevándome hasta el vagón en el que me iba a montar. Eran casi las 4:30 de la madrugada y no conseguía una palabra para describir esa extraña situación en la que estaba. Solo alcancé a darle las gracias a este señor moreno de pelo blanco que me acompañó hasta el puesto donde me sentaría y luego desapareció.

Desde ese entonces, Nueva York pasó a ser mi ciudad preferida para pasar las vacaciones que me tomo de vez en cuando. Eso sí, ahora prefiero ir a esos suburbios con toda la gente que me acompaña diariamente.

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Carta: Querida Mujer

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Querida mujer, no dejes que palabras malsanas dichas por un hombre que no te ama dañen tu integridad, te hieran, te consuman, y vayan borrando el bello ser humano que eres. Quiero que sepas que  vales oro, por eso mismo no debes dejar que alguien te tire sobras de un te quiero, sino  buscar a una persona que de verdad sienta eso antes mencionado. Te invito a que llenes esos rincones vacíos que habitan en ti con cosas que te hagan evolucionar.

Querida fémina, a ti que eres madre, eres esposa, hija, sobrina, amiga,  date cuenta que en tus adentros hay una gran fuerza interna que mantiene de pie cada columna de tu templo, esa fuerza jamás olvides que existe. Esa es la que debes usar todos los días para demostrarte  que puedes lograr cada una de las metas que te propones.  Si llegas alguna vez a caer, exígete  levantarte, estoy seguro que con constancia y disciplina llegarás a donde quieras.

Mi estimada, no te ciñas a dietas extrañas, a pastillas desgastantes para así llegar a una talla 0 impuesta por la sociedad  y encajar dentro de “lo normal”, más bien cuida cada parte de tú cuerpo, duerme 8 horas diarias, toma agua, haz ejercicios para sentirte activa. Ríe a carcajadas, la vida es una sola.

Ya me siento más que un amigo tuyo, por eso te daré algunos consejos y espero que los aproveches: Tenlo por seguro que el mejor vestido que puedas enfundar no será de la marca más cara del mundo. Simplemente, con saber utilizar la seguridad de la que estás llena resaltarás ante quien use Louis vuitton, Prada o Gucci. Busca siempre que tú mayor virtud sea la bondad, esta es la que representará a quienes valoren la vida.

El mejor apoyo con el que cuentas siempre serán tus pies para dirigirte a donde vayas, se sabe que todo el mundo tiene a alguien allegado que puede ser de gran ayuda para establecer una meta específica, pero ten en cuenta que solo tú sabes el camino que debes recorrer para cumplir con esta. Procura que la intensidad del amor que sientas por ti, sea mayor a la suma de las profundidades de los 7 mares.

Por último, no te coloques ninguna máscara que tape la verdadera esencia con la que naciste, recuerda que la mejor belleza está dentro de nosotros y esa es valorada por quienes en realidad te aman desde el alma.

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Date un tiempo para respirar.

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Desde muy pequeño siempre cuando me caía, me cortaba o me daba un golpe, me sorprendía como con el tiempo iba regenerándose cada célula del moretón, de la caída o de la cortada, hasta que esa superficie afectada llegaba a su estado natural.

Cuando crecí me pasó lo mismo el día que comprendí que las heridas del alma también sanaban cada capa afectada hasta llegar a su estado principal. Siempre que nos vemos envueltos en una situación negativa que nos agota tanto física como mentalmente, debemos darnos un tiempo para recuperarnos, respirar hondo y curar todo lo malo que estas nos ocasionan.

De no ser así, viviríamos en un círculo vicioso en el que estaríamos hurgando insistentemente una zanja que no ha sanado, y por lo tanto anduviésemos malheridos transitando el camino de la vida.

Por eso mismo, si te encuentras saliendo de una mala situación, busca la manera de tomarte un tiempo prudente para quitarte la tierra que estos malos ratos te generan, y así volver al ring de boxeo llamado vida.

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Aprendamos a atarnos la lengua.

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He conocido personas que van por la vida como la antítesis del que habla lo preciso, comentando absolutamente todo lo que le ocurre a los demás, sin importar que tan interesante sea el mensaje para el receptor.

Para que se hagan una idea del tipo de conversación que suelen tener estos seres, les dejaré un extracto de la que tuve con alguien hace unos días atrás en un reconocido local maracayero. (Debo confesar que a medida que iba avanzando, mis ganas de irme fueron creciendo).

  • Ella: Sabes, a aquel hombre que conocimos en la fiesta la otra vez que estuvimos juntos, lo dejó la mujer, se operó y esta lo mandó pal coño.
  • Yo: ah, sí. Qué triste.
  • Ella: Y aquella amiga mía, la fea, la que nunca en su vida ha olido machete. Se puso las lolas y se está chuleando a un tipo millonario.
  • Yo: (No sabía qué cara poner para decirle que no me importaba)
  • Ella: Y mi vecino el que vive en el 2do B es ambidiestro, aunque él cree que nosotros no sabemos, para nadie es un secreto que le encanta morder la almohada y que le soben la nuca.
  • Yo: Me levanté de la silla, y le dije que ya venía. (Por supuesto, nunca volví)

 Ahí es donde yo me detengo y me hago la siguiente pregunta: ¿A mí que me importa la información que acabo de recibir? E inmediatamente saco una conclusión de quien tengo en frente.

En mi opinión, este tipo de personas son aquellas que no trabajan, que no estudian y no generan esa productividad que les permite hablar de lo bien que se sienten con lo que están logrando y con las metas que se tienen planteadas. A ellos les puede ir bien en el amor, en los negocios, en las relaciones sociales, pero es un bienestar inestable. Ya que aún estando acompañados, siempre estarán solos. Es que ¿Quién quiere estar con una persona que no sepa guardar un secreto? ¿Cómo sabes que puedes confiar en esa persona? ¿Cómo no ocultarle algo a esa persona si sabes que hay posibilidades de que lo cuente? Por eso mismo, debemos tener responsabilidad de lo que sale de nuestra boca, para no meternos, ni meter en ningún problema a otros, y así convertirnos en personas confiables ante los demás. Si de verdad queremos hablar de algo, hablemos de nosotros en su justa medida, no de cómo le va a nuestro vecino, amiga/o, pareja o arrejunte.

 Yo no soy quién para decirte que hacer, pero como filosofía de vida, siempre me ha parecido bien tener la lengua atada y dejarle esos otros temas a todas aquellas personas que no saben contener las ganas de hablar en exceso.

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A modo de desahogo: ¿Dónde se fueron mis ganas de escribir?

Sé que esto se lee terrible de alguien que estudia Comunicación Social y tiene que estar constantemente escribiendo y persiguiendo ese estilo que lo definirá por el resto de su vida. Pero hay momentos en el que las ganas de escribir se desaparecen, como hay días también en donde a los creativos se les disipa la creatividad. Hoy es un día de esos. Aún no sé donde se fueron esas ganas de escribir, a lo mejor están en el fondo del mar o quizás se quedaron solo para plasmar mis sentimientos más profundos en el blog de notas de mí Smartphone. Si ven esas ganas por ahí, díganle que las ando buscando desde hace semanas.

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Mi primer encuentro con la homofobia.

Nunca había asistido a un evento de índole gay, quizás porque estoy empezando a soltarme en este nuevo mundo, o simplemente mis prejuicios y el miedo no me dejaban acercarme a todos aquellos que me invitaban. 

Pero como siempre hay una primera vez, estábamos un grupo de personas reunidos en la esquina de la universidad, y salio el tema de la marcha del orgullo gay, que se llevaría a cabo en Madrid ese fin de semana. Entre todos los tópicos que se estaban tocando, comentaron la idea de ir. Primero me negué, pero luego de algunos segundos, revise mi agenda mentalmente, dejandome seducir por ese espacio libre que tenía para ese sábado siguiente 5 de julio. Sin siquiera revisar la agenda en físico, le dije a mi colega Pablo que aceptaba ir. 

La mañana de ese día, estaba terminando de pasar unos apuntes a mi diario personal universitario. Planes de estudios, clases que había perdido, y todas esas cosas que le dan a la vida universitaria, un toque algo tedioso. A eso de las 15hrs, me llama mi colega Pablo para confirmar la hora de llegada al punto de partida de dicha conglomeración. 

Me vestí con una chaqueta muy colorida, un blue jean, y unas botas con una hebilla dorada que cubría toda la parte central de las mismas. Al llegar al punto de encuentro con mis colegas, recordé al personaje de Mauri encarnado por el actor Luis Merlo diciéndole a Fernando en una de las escenas de la serie Aquí no hay quien viva, que a estas manifestaciones se acercaban familias enteras. 

Pude observar durante el recorrido personas llenas de felicidad expresando su orgullo por ser homosexuales, vi muchas carrozas adornadas con flores y cintas. Tíos que solo vestían su orgullo, mientras otros vestían suspensorios para mostrar lo orgulloso que estaban de sus esbeltos cuerpos. 

Hubo un momento en la manifestación, donde todos nos dispersamos de tanta gente que habia asistido. Unos terminaron en una avenida, y otros terminaron en otra. Yo me perdí de la ruta y me aleje de toda la multitud. Llame a los colegas, y estos no me atendían el móvil. 

Ya el sol había caído, y por ser la primera vez que estaba en ese tipo de eventos, no sabía cuales eran las calles que conducían al punto de llegada. Me senté en una banca a tratar de comunicarme con mis otros amigos, y recordé que unos días atrás había leído en un diario de circulación nacional, la existencia de ciertos grupos nazis amenazando con ir ese dia a matar homosexuales. 

Sin duda alguna, el temor me paralizo por un momento, pero  tenia que seguir buscando obtener comunicación con Pablo. Encontré el modo de pararme de la banca, y al subir la mirada vi que venia un grupo de personas enardecidas gritando “Fuera maricones” el odio que se veía en sus ojos, era el mismo que se aprecia cuando algún niño víctima de bullying es dejado en la puerta de cualquier instituto. 

Todos vestían pantalones de cuero, con chaquetas de este mismo material, unos tenían en sus manos armas de fuego, otros cargaban cadenas y otras personas venian con antorchas. Mis pies se encontraban sembrados al pavimento, a solo 20 metros de mi estaba la muerte. Todo empezó a caminarme en cámara lenta, el miedo recorría cada parte de mi cuerpo, sentí una presión que me subía hasta el pecho agitando mi corazón, helandome el torso y dejandome sin aliento.

En cuestión de microsegundos escuché como se acercaba un coche con las mismas características que el de otro de mis amigos llamado Ivan. Giré la cabeza hacia la calle que atravesaba la avenida, y vi que se acercaban cada vez más los faros del carro. Pablo abrió la puerta, entre los 3 que iban dentro, me despegaron del suelo cargandome hasta el interior del auto. A toda marcha huimos de ese sitio. Sintiendo el alivio mas grande de mi vida, rompí a llorar, mientras ellos me comentaban que gracias al gps de mi celular pudieron ubicarme. Si no hubiese sido por eso, no podría estar contando esta historia.