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Poema: Caminé hacia las sombras.

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Cada paso que doy

Va enmarcando mi camino

Ya no sé ni quien soy

Ni tampoco tengo un destino

Nunca caminé en la luz

Siempre Caminé en excremento

Iba cargando una cruz

Hecha de piedra y de cemento

Caminé hacia las sombras

A un lugar donde no había ido

Busqué entre mis ataduras

Eso que tanto había aborrecido

Caminé hacia la sombra

A ese trecho perdido

Donde ninguna luz artificial o natural alumbra

Justo en la raíz de mi quejido

Y ahí empezó a fluir todo

Se empezaron a encender las luces

Comenzó a diluirse el lodo

Y fueron cayéndose las cruces

Mi credo personal

Tenía tiempo sin escribir en el blog, a lo mejor porque tenía un bloqueo creativo ya que estaba pasando por un momento de esos en mi vida a los que califico como experiencias que me llevan a crecer.

También, podría atribuírselo al luto que le he guardado a mí país a raíz de todo lo que pasó recientemente. Una salida que no se dio y dejó un saldo de unas cuantas muertes, de un centenar de personas detenidas en las cárceles por tan solo protestar, de una cantidad de cosas dañadas o quemadas por vándalos que dicen ser opositores al gobierno, y que tienen una actitud similar a los que forman parte de los seguidores del mismo.

Pero ya volví, estoy aquí para hacer uno de esos post que me caracterizan. Aunque he estado muy full estas semanas, me he podido sentar a pensar con que tema podía volver. Durante el mes de mayo,  mi bloqueo no fue tan intenso, por eso mismo he estado escribiendo varios temas que aún no tienen forma desde mi iPod, pero este no es el momento para publicarlos. Ya llegará su tiempo.

Hoy les hablaré de todo lo que creo y su porqué. Es un tema un poco extenso, pero decidí escribirlo debido a que hace un año mientras estábamos en clase de teatro, hubo una compañera de nombre Oscariani que nos propuso que hiciéramos un credo personal, pero eso quedó ahí. El grupo de teatro se disolvió, y las ganas de hacer ese credo fueron creciendo cada día más, hasta el día de hoy que decidí escribirlo y a su vez mostrárselo a todos ustedes.

Creo en Dios, en ese Dios comprensivo y no castigador que es capaz de aceptar  a un asesino, a un suicida, a un pedófilo, y no es de los que le cerrará las puertas de su cielo a nadie que quiera entrar en él. Porque me atrevería a decir, que todo nuestros malos actos los pagamos en este sitio llamado tierra. Igualmente creo en los prejuiciosos ya que sin ellos seríamos menos humanos y llevaríamos en nuestras manos un maso para juzgar a todo aquel que se nos acerque a nuestra vida. Creo en los matices, porque he aprendido que no todo es blanco ni todo es negro, siempre te encontrarás con algo gris. Creo en el cambio, les puedo asegurar que no soy el mismo de hace muchos años atrás, aunque no ha sido muy notorio, sé que el cambio está ahí y este viene de adentro hacia afuera. Creo en las primeras veces, de no tenerlas nunca, estaríamos perdidos en la incertidumbre y en todo el miedo que rodea lo extraño o diferente y jamás tendríamos la certeza de haber vivido nuestras propias experiencias. Creo en las firmes decisiones, de no creer en ellas no sería quien soy ahora. Creo en la cultura, de no comprender la intencionalidad de los autores que forman parte de cualquier espacio cultural, sería un zombie andante en busca de cerebros que comer para poder sobrevivir. Creo en la libertad, eso sí, en la verdadera libertad, no en esa que dicen algunos tener y son capaces de salirse de si mismos con el único objetivo de encajar en una sociedad llena de reglas estúpidas. Creo en los detalles, en ellos consigo lo bonito de la vida. Creo en el aprecio, de no apoyarme en el, sería una veleta sin sentido alguno tratando de encontrar un rumbo al que jamás llegaré. Creo en la flexibilidad del ser humano, ya que siendo muy rígidos en la vida, se nos arrugará el alma y se nos endurecerá el corazón antes de tiempo. Creo en el pasado como impulsor, de no ser así, viviría chocando con la misma piedra una y otra vez. Al mirar el pasado y saber todo lo que he aprendido de el, no me quedan más ganas de hurgarlo, ya que todo lo que pasó se quedó allá y lo único que tengo acá es el aprendizaje que me quedó. Creo en mí, como una persona que comete errores y es capaz de enmendarlos para no cargar con un peso que más adelante pueda convertirse en algo dañino. Creo en la indenpendencia, en esa que nos van dando nuestros padres hasta llegar al punto de valernos por nosotros mismos y dejar una huella en la humanidad. Creo en la congruencia, porque con ella podemos demostrar que hemos llegado a un estado en el que podemos estar a tono con lo que pensamos,creemos y sentimos. Y como eso, creo en millones de cosas más que ahora no se me vienen a la mente. 

Carta a una señora

El twitter es una herramienta, en la que podemos compartir ideas, pensamientos, opiniones, y de vez en cuando cosas de nuestra vida cotidiana. En esta herramienta nos topamos con todo tipo de personas, politólogos, escritores, dramaturgos, y quien sabe, podemos hasta cruzarnos con la persona que de un momento a otro le mueva los cimientos de nuestro corazón.

Ese fue mi caso, aunque fueron unos dm´s, unos tweets hechos a su nombre, unos favs de las cosas que nos decíamos sin mencionarnos. Y hasta llegamos a intercambiar números telefónicos. Desde el mismo lugar que te conocí, detrás de esta pantalla, tengo que hacerte una serie de confesiones, y la primera es que estuve atado al miedo. Del ¿qué dirán? Al miedo de la crítica. Miedo que poco a poco he ido superando con el pasar de los años. Imagínate tú, una señora 20 años mayor que yo, con una hija casi de mi edad, estando con un chamo que apenas estaba empezando la vida, como referencia podíamos haber tomado la relación de Mimí lazo y Luis Fernández, pero definitivamente, yo en ese momento no tenía la misma seguridad que el antes mencionado.

Otra de las confesiones que te quiero hacer, es que yo siendo como era, nuca deposité ningún tipo de confianza, ya que para empezar nunca había confiado en mí, y mucho menos iba a confiar en alguien más.

Siguiendo con la serie de confesiones, también puedo comentarte que me sentí intimidado, eras una mujer segura de sí misma, con una belleza tanto interna como externa que casi ninguna tiene en estos tiempos y eso me hizo sentir que no era capaz de mantenerte a mí lado, porque pensaba que te ibas a fastidiar de mi en cualquier momento. Cosas de muchacho inmaduro.

Nunca había tenido la oportunidad de tomar la palabra y hacer una intervención para comentarte que me pasó. ¿Qué me pasó? Me pasó lo siguiente, empecé a imaginar cosas que no debía, y dejé de vivir ese presente tan bonito que estaba viviendo para atormentarme con lo que la gente iba a decir de nosotros en un futuro. Pero, ¿Qué se puede hacer? Si la gente siempre hablará, no importa que sea de ti, no importa que sea de mi, de aquel, esto o aquello que lo rodee, hay que aprender a vivir con eso.

Una última confesión, y siento que esto lo tenía guardado y nunca te lo he hecho saber, te extraño. Extraño esos mensajes que me mandabas al despertarme, extraño esas llamadas que me hacias de improvisto a la hora de la cena, esos dm´s que me mandabas a la media noche, y esas madrugadas en las que amanecía twitteando contigo.

Para terminar esta carta diré lo siguiente, y sé que esto te hará mucha gracia porque han pasado casi 2 años desde aquel DM que me mandaste con unos buenos días en su campo de texto. Cuando me llama un número desconocido, siempre atiendo con la esperanza de escuchar tú voz al otro lado de la bocina.