Deja ir lo que quiera irse.

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En uno de esos poblados ubicados dentro de la india me encontré con una persona muy peculiar, no por coleccionar una cantidad de amigos de la manera más sana, sino por tener la mayor concentración de personas dentro de una jaula. Sí, una jaula en todo el sentido literal de la palabra.

Tuve la oportunidad de hablar con estos seres que estaban dentro de esta casa cubiertas de barrotes y preguntarles sobre su estancia dentro de la misma, ellos me comentaban que estaban cansados, algunos ya habían empezado a sentir desesperación y otros un poco de odio hacia la persona que los tenía en cautiverio.

Mientras hablaba con estos pude notar el deterioro cognitivo y el cansancio que sentían, además que el estado en el que se encontraba el espacio antes mencionado era deplorable. Los olores nauseabundos se mezclaban creando un aroma repugnante, el piso de la casa estaba repleto de excremento humano, orine, basura y residuos de comida dejadas por los habitantes de la casa, las puertas que eran de metal estaban oxidadas y las ventanas recubiertas por unas rejas que no dejaban entrar mucha luz, por eso mismo la iluminación dentro de este recinto era pobre y opaca generando un ambiente frío y obscuro.

Lo más insano de todo era como el secuestrador (dueño de la casa) trataba a sus víctimas, cuando este iba a llevarles la comida se acercaba con un cariño y un amor que ni el mismo se lo creía. Frases como “Toma mi amor,  abre la boquita” mientras la acariciaba el cabello o la espalda, eran las que salían de la boca de este trastornado señor.

Cuando salí del lugar me encontraba deprimido mientras la carreta me llevaba al hotel. Llegué  y me senté en el lobby a analizar la situación y busque construir la analogía perfecta de lo que había vivido en el día.

A veces los seres humanos somos tan egoístas, que dejamos a nuestro alrededor a esas personas que consideramos  que deben estar en esta sin preguntarnos ¿En realidad quieres quedarte en mi vida o quieres marcharte? Lo peor de todo, es que vamos cercándolos, ofreciéndoles las mil maravillas para que estos se queden y jamás se vayan. Con esto comprendí que debemos ofertar más libertad, respetar más los espacios de cada persona e incrementar nuestra reciprocidad. Cuando alguien te de las señales de que se quiere ir de tu lado, nunca evitarlo. Recordemos que el espacio de esa persona que no quiere estar en tu vida, puede ser reemplazado por alguien que si quiere entrar a esta y quedarse.

 

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