Los altibajos agridulces de la vida.

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Sé que al principio convivir contigo mismo será difícil porque te dolerá, te incomodará e incluso te querrás hacer el loco de lo que sabes y optarás por acoplarte por lo que dicta la sociedad. Pero llegará un día, si ese día en el que te veas al espejo y luzcas más opaco que nunca, ahí es donde empezarás a oír a esa persona que ha vivido tanto tiempo callada, censurada y ahogada en las profundidades de las millones de mascaras que te has puesto encima para olvidarte de que existe. Pasará el tiempo y la irás escuchando más y más fuerte, su intensidad será tan alta, que tus oídos no la soportará. Lo único que te producirá una calma aparente, es desconectarte del mundo terrenal consumiendo pastillas, esnifando polvos y fumando cigarrillos extraños. Y a fin de cuentas, cuando todo ese viaje termine, esa voz seguirá ahí produciéndote un daño mayor.  Meses después, te seguirás viendo en el espejo, pero esta vez más gris que nunca. Y es en ese momento en el que te entrará la curiosidad por saber: ¿quién es esa persona que te habla? El miedo será el protagonista de esos días oscuros que te vienen, pero recuerda, luego de tanta oscuridad llega la luz. Siéntate a conversar con él, despójalo de cada prenda del que este esté hecho, hasta dejarlo desnudo titiritando del frío, al quedarse tan transparente el miedo, se desaparecerá e inmediatamente llegará la luz al final del túnel. Vivirás días llenos de gloria y a medida que vayas conversando con esa voz interna, tus debilidades se convertirán en fortalezas, y al verte en ese espejo, te encontrarás con la luz más incandescente que hayas visto en tu vida. Y ahí estarás tú, siendo luz y transmitiéndola al mundo. Pero ten cuidado, hay personas que les molesta la luz de los demás y jamás se encargan de trabajar en la suya.

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Mi pareja, su mujer y nuestro amante.

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Mariale y Luis, una pareja consumida por los años que cayó en la monotonía, buscaban ese punto de partida para que su relación diese un vuelco de 180º. Cada vez que iban al cine, el aburrimiento se hacía presente, las cenas románticas se habían vuelto una especie de viacrucis interminable donde las conversaciones no los llevaban a ningún lado, los temas se agotaban rápidamente, seguidos de una cantidad de bostezos que daban a entender hasta al más tonto lo que estaba pasando ahí.

Mariale vivía siempre con una idea, pero con el pasar de los años Luis se fue cansando de ellas y se transformó en una persona sedentaria, llena de pereza y muy apalancada en casa. En cambio, a Mariale siempre se le ocurría algo distinto, una mente muy inquieta era la definición perfecta para ella.

Una tarde, a Mariale se le ocurrió una idea que le parecía perfecta para enmendar la quebrantada relación que llevaba con Luis. Buscó su laptop e introdujo en la barra de búsqueda la palabra “Swinger” ahí se le desplegaron millones de posibilidades de lo que según ella, podía ser la solución a su gran problema. Acariciaba su larga cabellera mientras desplazaba el mouse y bajaba cada línea de la información encontrada. Con el pasar de los minutos ideó un plan para convencer al hombre más conservador del planeta.

Como si se tratase de una ida al cine, al teatro o una cena romántica, ella se le acercó a Luis diciéndole que fueron invitados a una fiesta VIP en una quinta ubicada en los palos grandes.  Luis carcomido por la culpa que sentía de haber caído en la monotonía, aceptó la ida a la fiesta sin saber que se iba a encontrar en esta.

Mariale enfundó sus prolongadas curvas en un vestido de la marca Chanel, Luis se decidió vestir más clásico y conservador, prefirió ponerse un traje color gris con sus respectivos zapatos patentes. Una flecha fue la señal que marcó la llegada de la peculiar pareja a ese raro lugar. A la entrada se encontraba la recepcionista indicándoles a los invitados las pautas para permanecer dentro del sitio. Mariale y Luis se tomaron de la mano, y se embarcaron en una aventura sin saber con certeza, si esto pondría el punto final de su relación o se convertiría en el trampolín que tanto anhelaban para llegar a la estabilidad que tuvieron al principio de sus días.

En un ataque de remordimiento de conciencia, Mariale se le acercó a Luis y le dijo al oído: “Todo lo que pase aquí, aquí se queda. Espero que no te asustes, todo esto lo hago para mejorar lo nuestro”. Al entrar al sitio, llegó una de las encargadas del local junto a una pareja nada agraciada para presentárselos a Mariale y Luis. “Ellos son Yorman y Yetzaida”

Yorman calzaba una vieja y rota franelilla color blanco, combinada con un jean desgastado que se veía traslucido por la cantidad de años que esta prenda de vestir tenía con él. Su bigote teñido de amarillo y sus lentes de cristales tornasolados, le daban los atenuantes necesarios para que Mariale quisiese salir corriendo de su lado. Sin embargo, esta con una sonrisa a media asta, estiró su brazo para darle la mano en señal de buen gesto.

Yetzaida no se quedaba atrás con su carnestolendo atuendo, un leggins estampado de animal print cubría su voluminosa figura, una camisa verde fosforescente, tan corta que dejaba ver aquella flácida barriga colgando antecediendo así a un par de pronunciados labios, que era lo más resaltante dentro de ese conjunto nunca antes visto. Mariale y Luis con una sonrisa nerviosa, gesticularon una que otra palabra con la pareja, en unos segundos Mariale se levantó de su asiento, se despidió de Yorman y tomó de la mano a Luis para llevárselo al centro de la pista y así bailar un rato, mientras vigilaba sigilosamente a la próxima pareja con la que se iban a presentar.

Más adelante, se encontraban Fernando y Stella, una pareja de recién casados que buscaba seguir avivando la llama de su relación. Estos si estaban mucho más a la altura de Luis y Mariale. Vestían ropa de marca, habían recorrido mundo, hablaban 2 idiomas además del español y una cantidad de lenitivos que mitigaban el mal rato que le habían causado la pareja anterior.

Pasado un rato, prendieron las luces del local y empezó el primer show de la noche. Un fornido hombre y una esplendida mujer se quitaban la ropa alrededor de un tubo al ritmo de la canción de moda. Mariale y Luis aburridos, se acercaron a donde Stella y Fernando para presentarse. En seguida entablaron una conversación cotidiana halagando su vestuario. Con el pasar de la noche, la tensión sexual podía olerse en el ambiente. El aroma fresco del perfume de Stella, tenía mucho más que excitado a Luis, al igual que la deslumbrante figura de Mariale, causaba estragos entre las hormonas de Fernando.

Mariale decidió dar el paso inicial, tomando del brazo bruscamente a Fernando y levantándolo de la mesa en donde estaban, unas escaleras empinadas eran el comienzo de unas cuantas habitaciones en donde se escondían historias que jamás podían ser contadas a personas de mentes cerradas. Luis hecho un manojo de nervios, tomó delicadamente a Stella y la llevó a la habitación más cercana, mientras que a Mariale se le desbordaban las ganas por estar con Fernando, este la tomó de la cintura y empezó a rozar sus labios explorando cada uno de los centímetros de su torneado cuerpo. Stella desenfrenadamente, tumbó a Luis en la cama y dejó que este la poseyera, transformándose en uno solo, fundiendo la pasión que tanto se había acumulado durante esas horas que estuvieron conversando.

Las sabanas fueron testigos de los millones de orgasmos producidos por aquellas 2 parejas, estas quedaron impregnadas del sudor  de esas 4 personas que se fusionaron en una, dejando atrás sus miedos y tabúes para comenzar aquel intercambio no bien visto por la sociedad.  El sol tocaba la ventana, Mariale miró a Fernando y le preguntó: “¿Cuándo repetimos este encuentro?” él le respondió: entre gemidos de placer “Cuando quieras”. Luis miró lo placida que dormía Stella, la abrazó y continuó durmiendo. Las 4 paredes de esta oscura y fría habitación, fueron presas de aquel loco romance, nacido de una idea vacua que navegaba dentro de la perturbada mente de Mariale.

Llegó la hora de hacer el check out de las habitaciones Luis, Mariale, Fernando y Stella sacaron de sus carteras el dinero correspondiente para pagar la mágica noche de la que fueron participes. Sus tímidas miradas se cruzaron como si fuese la primera vez que se habían visto. Mariale se acercó a Luis y le preguntó: “¿Te gustó?” fue Su picara sonrisa la que sustituyó esa respuesta que daría.