Aprendamos a atarnos la lengua.

lengua atada

He conocido personas que van por la vida como la antítesis del que habla lo preciso, comentando absolutamente todo lo que le ocurre a los demás, sin importar que tan interesante sea el mensaje para el receptor.

Para que se hagan una idea del tipo de conversación que suelen tener estos seres, les dejaré un extracto de la que tuve con alguien hace unos días atrás en un reconocido local maracayero. (Debo confesar que a medida que iba avanzando, mis ganas de irme fueron creciendo).

  • Ella: Sabes, a aquel hombre que conocimos en la fiesta la otra vez que estuvimos juntos, lo dejó la mujer, se operó y esta lo mandó pal coño.
  • Yo: ah, sí. Qué triste.
  • Ella: Y aquella amiga mía, la fea, la que nunca en su vida ha olido machete. Se puso las lolas y se está chuleando a un tipo millonario.
  • Yo: (No sabía qué cara poner para decirle que no me importaba)
  • Ella: Y mi vecino el que vive en el 2do B es ambidiestro, aunque él cree que nosotros no sabemos, para nadie es un secreto que le encanta morder la almohada y que le soben la nuca.
  • Yo: Me levanté de la silla, y le dije que ya venía. (Por supuesto, nunca volví)

 Ahí es donde yo me detengo y me hago la siguiente pregunta: ¿A mí que me importa la información que acabo de recibir? E inmediatamente saco una conclusión de quien tengo en frente.

En mi opinión, este tipo de personas son aquellas que no trabajan, que no estudian y no generan esa productividad que les permite hablar de lo bien que se sienten con lo que están logrando y con las metas que se tienen planteadas. A ellos les puede ir bien en el amor, en los negocios, en las relaciones sociales, pero es un bienestar inestable. Ya que aún estando acompañados, siempre estarán solos. Es que ¿Quién quiere estar con una persona que no sepa guardar un secreto? ¿Cómo sabes que puedes confiar en esa persona? ¿Cómo no ocultarle algo a esa persona si sabes que hay posibilidades de que lo cuente? Por eso mismo, debemos tener responsabilidad de lo que sale de nuestra boca, para no meternos, ni meter en ningún problema a otros, y así convertirnos en personas confiables ante los demás. Si de verdad queremos hablar de algo, hablemos de nosotros en su justa medida, no de cómo le va a nuestro vecino, amiga/o, pareja o arrejunte.

 Yo no soy quién para decirte que hacer, pero como filosofía de vida, siempre me ha parecido bien tener la lengua atada y dejarle esos otros temas a todas aquellas personas que no saben contener las ganas de hablar en exceso.

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