Querido Martini.

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Querido Martini, hoy desde esta barra iluminada con luces de neón, me gustaría conversar sobre esas cosas que ocurren en mi vida diaria.

Aunque no creo, siendo yo una catira de 1,90,  con 500ccs en cada chichi, con un abdomen plano que parece la superficie de una tabla, unas extensiones que me llegan a las caderas que muy bien pueden compararse con el amarillo del sol, y unos ojos azules que se parecen mucho a los ojos de las muñecas que les compraba a mi hija menor hace algunos años. Mi principe azul. Sí, ese que aparece rescantando a la princesa de todos sus aprietos, aparezca para invitarme una copa. Y quizás a comer.

Porque debo confesarte que estos últimos días no he comido muy bien, me encantaría seguir viendome como una princesa, y por eso he dejado todas las comidas menos el desayuno. Volviendo al tema del principe azul, este tiene que ser flaco, porque yo con gordos feos grasientos y que huelan mal no me la llevo, este debe tener unos abdominales que vuelvan loca a cualquier mujer, de esos que cuando se levanten la camisa se les marquen todos los cuadros. Esos que con sus brazos puedan abrazarte y te sientas protegida. Debería mi principe azul tener una camioneta nueva de paquete. Jejeje. (Me reí tanto que se me salió el chicle que llevo masticando desde esta mañana para disipar mi hambre durante todo el día)

Querida copa medio vacía, el principe azul tiene que tener una cuenta en cualquier banco de suiza o de estados unidos. De esas cuentas gordas que sirven para viajar a todo el mundo, comer en cualquier restaurant (sin importar que después lo vomite para seguir viendome como una princesa) y hacer lo que en realidad quiera.

Martini, allá hay una mujer fofa y grasienta, ella cree que va a tener mucha más oportunidad que yo. Jajajajajajajajaja. (Esta vez me rei tanto que pensé que se me había espichado una lola)

Llegando a la madrugada y sin más nada que decír. Ya con esta copa vacía, durante toda la noche estuve esperando la llegada de mi principe azul, este nunca llegó. Las luces de neón fueron mis grandes acompañantes, lástima que a la gorda y fea si se le acercaron varios hombres y les dieron sus números. ¿Qué pasó? ¿Será que a los hombres ya no les gustan las mujeres plásticas como yo?

 

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No es falta de testosterona, solo es falta de compromiso.

Al poco hombre jamás me atrevería a relacionarlo con la homosexualidad, ya que la primera me parece que es la falta de compromiso que tienen algunos para cumplir con el rol que vinieron a desempeñar en esta vida, y la segunda tiene que ver más con la atracción que se tiene hacia el mismo sexo.

En esta definición de poco hombre, estoy seguro que entra el hombre que no tiene escrúpulos para lastimar a todo aquel que se le pase por el frente, igual que aquel que le huye a sentarse a resolver un problema, también están aquellos que tienen como bandera ir de chisme en chisme buscando satisfacer ese morbo que tienen las mujeres de saber un poco más de lo que a simplemente está a la vista. Esto sin dejar atrás al que tiene que llamar puta a una mujer a como dé lugar sin siquiera haberla visto trabajando en un burdel.

No obstante, también están aquellos que van por ahí llamando maricón a todo aquel que parezca intelectual, se vista bien y tenga un gusto musical muy diferente al suyo. A esto también se le puede agregar, que en la definición de poco hombre puede calzar completamente aquel que le pega a su esposa. No dejaría de lado, el que deja a su pareja con un recién nacido  a cuestas sin querer saber de él nunca en su vida. Y no podría dejar de mencionar, a aquel que busca otra mujer teniendo la suya, ese también entra en este concepto.

Al que le quede el traje que lo desenganche y se lo ponga, si alguna vez en la calle alguien te grita poco hombre, no es mala idea revisarse. Pero vamos, no la entrepierna, sino lo que realmente estamos haciendo. A lo mejor no estás cumpliendo tan bien el rol que viniste a desempeñar en este mundo. O quizás, sí, pero lo has venido cumpliendo a media máquina.

Mi credo personal

Tenía tiempo sin escribir en el blog, a lo mejor porque tenía un bloqueo creativo ya que estaba pasando por un momento de esos en mi vida a los que califico como experiencias que me llevan a crecer.

También, podría atribuírselo al luto que le he guardado a mí país a raíz de todo lo que pasó recientemente. Una salida que no se dio y dejó un saldo de unas cuantas muertes, de un centenar de personas detenidas en las cárceles por tan solo protestar, de una cantidad de cosas dañadas o quemadas por vándalos que dicen ser opositores al gobierno, y que tienen una actitud similar a los que forman parte de los seguidores del mismo.

Pero ya volví, estoy aquí para hacer uno de esos post que me caracterizan. Aunque he estado muy full estas semanas, me he podido sentar a pensar con que tema podía volver. Durante el mes de mayo,  mi bloqueo no fue tan intenso, por eso mismo he estado escribiendo varios temas que aún no tienen forma desde mi iPod, pero este no es el momento para publicarlos. Ya llegará su tiempo.

Hoy les hablaré de todo lo que creo y su porqué. Es un tema un poco extenso, pero decidí escribirlo debido a que hace un año mientras estábamos en clase de teatro, hubo una compañera de nombre Oscariani que nos propuso que hiciéramos un credo personal, pero eso quedó ahí. El grupo de teatro se disolvió, y las ganas de hacer ese credo fueron creciendo cada día más, hasta el día de hoy que decidí escribirlo y a su vez mostrárselo a todos ustedes.

Creo en Dios, en ese Dios comprensivo y no castigador que es capaz de aceptar  a un asesino, a un suicida, a un pedófilo, y no es de los que le cerrará las puertas de su cielo a nadie que quiera entrar en él. Porque me atrevería a decir, que todo nuestros malos actos los pagamos en este sitio llamado tierra. Igualmente creo en los prejuiciosos ya que sin ellos seríamos menos humanos y llevaríamos en nuestras manos un maso para juzgar a todo aquel que se nos acerque a nuestra vida. Creo en los matices, porque he aprendido que no todo es blanco ni todo es negro, siempre te encontrarás con algo gris. Creo en el cambio, les puedo asegurar que no soy el mismo de hace muchos años atrás, aunque no ha sido muy notorio, sé que el cambio está ahí y este viene de adentro hacia afuera. Creo en las primeras veces, de no tenerlas nunca, estaríamos perdidos en la incertidumbre y en todo el miedo que rodea lo extraño o diferente y jamás tendríamos la certeza de haber vivido nuestras propias experiencias. Creo en las firmes decisiones, de no creer en ellas no sería quien soy ahora. Creo en la cultura, de no comprender la intencionalidad de los autores que forman parte de cualquier espacio cultural, sería un zombie andante en busca de cerebros que comer para poder sobrevivir. Creo en la libertad, eso sí, en la verdadera libertad, no en esa que dicen algunos tener y son capaces de salirse de si mismos con el único objetivo de encajar en una sociedad llena de reglas estúpidas. Creo en los detalles, en ellos consigo lo bonito de la vida. Creo en el aprecio, de no apoyarme en el, sería una veleta sin sentido alguno tratando de encontrar un rumbo al que jamás llegaré. Creo en la flexibilidad del ser humano, ya que siendo muy rígidos en la vida, se nos arrugará el alma y se nos endurecerá el corazón antes de tiempo. Creo en el pasado como impulsor, de no ser así, viviría chocando con la misma piedra una y otra vez. Al mirar el pasado y saber todo lo que he aprendido de el, no me quedan más ganas de hurgarlo, ya que todo lo que pasó se quedó allá y lo único que tengo acá es el aprendizaje que me quedó. Creo en mí, como una persona que comete errores y es capaz de enmendarlos para no cargar con un peso que más adelante pueda convertirse en algo dañino. Creo en la indenpendencia, en esa que nos van dando nuestros padres hasta llegar al punto de valernos por nosotros mismos y dejar una huella en la humanidad. Creo en la congruencia, porque con ella podemos demostrar que hemos llegado a un estado en el que podemos estar a tono con lo que pensamos,creemos y sentimos. Y como eso, creo en millones de cosas más que ahora no se me vienen a la mente.