Día interminable.

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La noche caía de una manera desaforada mientras terminaba las horas de grabación de la siguiente escena. Ya mi jet privado me esperaba en el aeropuerto para despegar a la siguiente ciudad que iba a visitar por motivos de trabajo. Esa mañana, recibí una llamada de una vieja amiga para ver si se podía ir conmigo, y mi respuesta fue afirmativa.

-Yo: Salimos a las 7am

– Amiga: Ok, estaré ahí una hora antes.

Los zapatos del personaje me apretaban, no sé si eso fue hecho a propósito para que le diera la intensidad que necesitaba al mismo o que alguien había pedido una talla más pequeña por equivocación. Afuera se encontraban los paparazis al asecho para conseguir la mejor foto de uno de los personajes que estaba grabando la película, ya que en ese momento estaba atravesando una  mala racha en su vida, sé muy bien que por una de esas fotos pagarían como dicen en mi país “La gran bola de plata”

12 de la madrugada, ya estaba listo para salir. El chofer me esperaba para llevarme al hotel y todos los que participamos en la película nos despedimos. Claro, este es el último día de grabación. No tuve empatía con casi nadie, siempre llego, hago lo que tengo que hacer, recibo las instrucciones del director, del técnico,  cumplo con lo que mi pauta indica y busco mis cosas para irme.

Estoy seguro que muchos me tacharán de raro, de loco, o de esas cosas que la sociedad busca decir para no enfrentar sus miedos, pero de lo que estoy más seguro es que ninguna de estas personas se acercó a mí para darme unos buenos días o unas buenas noches.

Al día siguiente, mi iPod se levantó con la canción que escucharán al final de este post. Ya el jet estaba listo para llevarme a la ciudad de Munich en Alemania para una intensa semana de promoción con una marca de perfumes con la que firmé el contrato el año pasado, vamos a ver que me deparará esta vez la semana.

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