La mirada que me hipnotizó

Nunca había visto unos ojos tan bonitos acompañados de una mirada penetrante. Esos ojos tenían nombre y apellido. Los logré encontrar cuando vivía en Madrid, en la esquina de un café en el que me sentaba todas las tardes a beberme una taza y charlar un rato con una gran amiga del trabajo.

Ese día todo fue distinto, la noche anterior mi amiga me llama para quedar conmigo luego del trabajo en un café distinto al que íbamos, creo que lo estaban inaugurando ese día. Todo congenió para que las cosas salieran tal lo planeado y me encontrara con aquella persona que les comenté.

Salí del trabajo y levanté el teléfono para decirle a mi amiga que ya estaba listo, ella salió unos minutos después y nos dirigimos a la estación del metro que nos iba a dejar en la calle del nuevo local al que íbamos. Tomamos el metro y nos bajamos en la estación que nos llevaba derecho hacía ese exquisito nuevo café de moda llamado “El café de los artistas” doblando la calle me impactó una mirada, un perfume, un cuerpo habitado por un alma que buscaba afecto.

Yo que sorprendentemente casi nunca me acerco a las personas sino que dejo que las personas siempre se acerquen a mí, sé que esta vez fue diferente, fui yo el que se encontró en la obligación de “Pedir la hora” Y eso que llevaba reloj. Me acerqué y le pedí la hora, me la dijo y siguió caminando. Pero no sin antes mirarme de punta a punta y detallar la sonrisa que llevaba.

Caminábamos en la misma dirección y llegamos al sitio, un café con una infraestructura de piedras, las mesas eran de robles y la cocina tenía un fogón como el que se prendió en mi cuando vi la mirada de esa persona. El sitio estaba lleno, las mesas estaban full, ese día de la inauguración se presentaba la banda española “Maldita Nerea” Comenté con mi amiga que iba a ser un problema sentarnos, pero volteé y habían 3 puestos vacíos en una mesa de 4. Rápidamente me senté y llamé a mi amiga, al voltearme hacia el otro lado estaba esa mirada hipnotizadora, esa alma buscando un poco de afecto, esos ojos que me engancharon desde el primer momento que los vi.

Asustado, porque esa era la única sensación que me causaba esa mirada, ya que a través de ella me podía ver desnudo, me paré, y me desaparecí del local lo más lejos que pude. Aunque debo confesar algo,  todos los días que salgo del trabajo tomo el mismo metro me quedo en la misma calle y camino lentamente hacia el café en dónde me encontré con esos ojos que alguna vez hicieron que pudiese ver la necesidad del alma de alguien más y además de eso, hicieron que me viese reflejado en ella.

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