Carta abierta los palanqueados del país.

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Hola, mi nombre es Jorge (Autor de este blog) y a lo mejor me desconozcas, al igual que desconoces la sensación tan placentera que produce el llegar por méritos propios a cualquier puesto de trabajo.

Y más que hablarte a ti, le debería hablar a todo aquel gerente empresarial, que sus capacidades de gerenciar sean  tan nefastas para dejar en manos de quien sea el trabajo que debería cumplir un verdadero profesional, solo por congraciarse con cualquier familiar, amigo, vecino, etc. Sin importar cuánto le haya costado levantar lo que hoy en día es su empresa.

Hablar de ti, de tu poca ética profesional y la inexistente moral que desbordas, sería muy fastidioso, porque estoy seguro que ya te has dado cuenta que a tu alrededor existen personas que lo hacen y critican lo mal que ha estado tu desempeño durante tu estadía.

Pero siempre hay algo que agradecer a ti Sr/Sra/Srito/Srita palanqueado/a, el que llegues a una empresa ya sea de renombre o no y te aproveches de tu estatus para echar todo el carro que quieras, le da la oportunidad a quienes realmente tengan las ganas de seguir creciendo profesionalmente dentro de su entorno laboral.

Sin más nada que agregar, espero que al leer esta carta te sientas identificado/a cada vez que le hablas a los enchufados del gobierno.

Pd: Me acaban de llamar de la NASA para avisarme que en todas sus estaciones espaciales que están ubicadas fuera de nuestro planeta, no solo se ven las luces de la ciudad de Las vegas, sino el destello que emana tu descaro.

ATTE: Jorge rubio

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Mi 2016 en letras.

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      El 2016 para mí fue una montaña de sentimientos, emociones de todo tipo y mucha incertidumbre. Apartando la situación crítica que vive mi país que nos ha afectado a todos por igual, he podido realizar cosas geniales.  Por ejemplo: Estoy ya a muy poco de obtener el título de Comunicador Social de la Republica Bolivariana de Venezuela. Realicé unas pasantías increíbles en 2 de las emisoras más importantes de uno de los mejores circuitos radiales del país. Asistí a eventos especiales para ofrecer una cobertura completa a las emisoras en las que hice las pasantías. Recobré la valentía y la autoestima que había perdido durante mi etapa de gordo (Que fue muchísimo tiempo)

Mientras hacía la producción de los programas, me codee con gente que jamás en la vida me imaginé toparme: Artistas, eruditos de la tecnología, políticos importantes, médicos, emprendedores, psicólogos, psiquiatras, ingenieros reconocidos, arquitectos de renombre, y un sinfín de personas que llenaron con su sabiduría ese espacio al que fueron invitados para difundir sus trabajos.

Encontré habilidades que se habían desaparecido entre las millones de responsabilidades que exigía la universidad, hice yoga por un tiempo y me sentí demasiado bien, desempolvé mis ganas de tener hobbies distintos a los demás. Tomé una de las mejores decisiones de mi vida: realizarme un bypass gástrico, aunque esto no fue viable porque así estaba escrito, encontré una manera más saludable de ir rebajando poco a poco.

Tuve el cumpleaños más atípico de mi vida: Mientras todos los años yo me ponía la mejor pinta para celebrarlo, este año fue diferente, le hice caso a mi corazón y dejé que todo fluyera. No me acartoné con la ropa más bonita y le di paso a una celebración más humana. De vez en cuando hacerle caso al corazón, no es más que abrazar a esa persona que algún día fuiste.

Pero no todo fue bonito, también dentro de mi ocurrieron muchísimas cosas, descubrí situaciones del pasado no resueltas que en el presente han venido a tocar la puerta para decir aquí estoy, resuélveme para que sigas adelante. Y aunque estoy tratando de afrontarlas, duele saber que aún están ahí y que perdí muchísimo tiempo evadiéndolas. Pero la vida se trata de eso: De perdernos, encontrarnos, caernos, levantarnos y cumplir con la misión que nos corresponde.

Desde ya estoy haciendo la cola con un manojo de nervios y expectativas, para montarme una vez más en la montaña rusa llamada -2017- que ve a saber tu a donde me llevará, lo que les puedo asegurar, es que este 2016 fue uno de los mejores años de mi vida porque puedo traducirlo en una sola palabra positiva: Evolución.

¿Por qué echarle la culpa a los demás de tus fracasos si tu eres el/la único/a responsable de ellos?

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¿Por qué echarle la culpa a los demás de tus fracasos? Si los fracasos vienen como consecuencia de las malas decisiones tomadas por ti. En estos días tuve la oportunidad ver como alguien que su nivel de conciencia era tan bajo, apelando a argumentos manipulativos como por ejemplo: “Aquí no existe ningún tipo de compañerismo”, fracasaba debido a que nunca movió un dedo dentro de su lugar de trabajo, osaba a gritarle histéricamente a un grupo de personas señalando que habían sido ellos los que la/o condujeron por el barranco que finalizaba en el banquillo de los fracasados.

Y es aquí donde saco una anécdota de hace algunos años atrás. Dentro de mi vida universitaria siempre me topé con todo tipo de grupos. Unos buenos, otros no tan buenos. Recuerdo que para ese semestre estaba viendo una materia llamada locución, con este equipo todo iba excelente en las primeras evaluaciones, grabamos un noticiero radial donde sacamos la máxima nota, una entrevista que quedó excelente. Pero llegamos a la última evaluación, nadie se puso de acuerdo para grabar el programa radial, y mi intuición me indicó que lo hiciera yo solo. Ese viernes no tenía clase y pasé más de 8 horas pegado a la computadora escribiendo el guión, grabando voces, editándolas, escogiendo la música, las cortinas (fondo musical del programa radial). Luego de haber finalizado la faena, quemé el cd y llegué el lunes a la universidad, cuando me le acerqué para entregárselo a aquella profesora que su soberbia rebasaba su estatura me dijo:

  • A1: Y ¿Tú grupo?
  • A2: Lo saqué porque el único que hice todo fui yo
  • A1: Pero no ves que yo entre mis pautas dije que esto se hacía en grupo
  • A2: Sí, pero nadie hizo nada y me parece injusto meterlos y que ellos gocen de la misma nota que yo.
  • A1: Lo siento, no te lo voy a recibir si no los incluyes.

(Podría tocar en otro post la flojera de algunos profesores al preferir corregir un trabajo grupal que individual). Tomé mi trabajo, me paré de la silla y me dirigí a la oficina de quien en ese entonces era el Director de la escuela de Comunicación Social para comentarle que no me habían querido recibir el trabajo, llamaron a la profesora y al cabo de unos minutos salió de la oficina como una fiera para decirme con mala cara, está bien, te lo aceptaré.

De haberme quedado de brazos cruzados, tuviese la misma nota de quienes se conformaron solo con pasar, pero en ese momento me di cuenta que uno no siempre se podía dejar llevar por lo que hicieran los demás. También comprendí que solo tu tienes la culpa de tus aciertos y desaciertos, sin importar en que área se presenten (Amistad, amorío, laboral). Si la historia hubiese sido distinta, estoy seguro que aún estaría llorando sentado en el banquillo de los fracasados.

El espejo Mágico.

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Había pasado mucho tiempo desde que volví a caer, la oscuridad se apoderó de mí, miles de pensamientos negativos revoloteaban por mí cabeza y solo me sentía roto por dentro. Mis insistentes ganas de llorar me tomaban por sorpresa todos los días y a cada rato, es ahí cuando gritaba la infelicidad que sentía, cada vez este grito se hacía más y más fuerte y nunca había encontrado la manera de callarla.

Mis fuerzas, la valentía que alguna vez me caracterizaba, la sonrisa que se me dibujaba en la cara cada mañana al despertar, mis ganas de vivir y de luchar por lo que quería se tomaron unas interminables vacaciones, todo lo antes mencionado tomó una gran maleta, metieron sus cosas y se fueron a vivir a otro lugar muy lejos de mí. Esto ocurrió desde que pisé los 20 años y mi vida empezó a hundirse en un espiral de desilusión, vacíos, y vicios que no me llevaban a nada bueno, pero dentro de mí siempre supe que había algo bueno, esas ganas de querer cambiar nunca se me fueron.

Un hecho particular me ocurrió en esa mañana del 20 de abril, me desperté como todos los días, me levanté de la cama y fui a cepillarme los dientes. Para llegar al baño tengo que pasar frente a un espejo, al pasar rápidamente por este escuché un grito muy fuerte. Todo esto me asustó un poco, me sentí algo raro, di unos pasos hacia atrás y me vi al espejo. Este me mostraba una cara muy desmejorada, un cuerpo ya adentrado en los años y de repente la persona que se reflejaba ahí dentro me habló. Sí, no estoy loco, emitió un sonido. Primero creí que lo que me estaba ocurriendo era parte de las alucinaciones de la mezcla de drogas y alcohol que había consumido la noche anterior, pero luego recordé que solo había bebido una sola copa y entendí que era real lo que estaba oyendo.

Era completamente inentendible lo que este me decía, empecé a ponerle atención a todas las palabras que podía escuchar y no podía entender. Acerqué mi mano al cristal, y la retiré lo más rápido que pude, sentí una absorción extraña. Me asusté y salí corriendo. Me cepillé rápidamente y salí a caminar un rato.

Caminaba por una acera y no pare de pensar en todo lo que había ocurrido esa mañana, cada vez que me imaginaba la situación, el miedo me tocaba una vez más la puerta, me senté en un banco a llorar porque recordé esa última vez que me miré al espejo. Un hombre deteriorado por todas las drogas, el alcohol, y una vida llena de excesos que me llevaron a ser lo que ahora soy, una persona solitaria rodeada de gente con intereses “similares” a mí. Pero aún así me sentía la persona más sola del mundo junto a millones de personas que seguían en el mismo espiral de miseria y decadencia que yo.

Al día siguiente, desperté con ganas de pasar por el espejo que estaba antes de llegar al baño para ver que sucedía, salí de la cama, puse los pies en el suelo y la incertidumbre se acrecentaba a medida que iba recorriendo el corto espacio que había entre el cuarto y el baño. Acercándome, venían millones de preguntas a mi cabeza, ¿Qué pasará? ¿Oiré el mismo grito de ayer? ¿Quién me hablaba? Me paré en frente del espejo, y escuché el mismo grito de la mañana anterior, estiré mi brazo izquierdo hasta tocar el cristal del espejo, sintiendo todo el miedo recorriendo mi cuerpo. Minutos después se apagaron las luces, todo quedó completamente oscuro y empezaron a pasarme una ráfaga de imágenes donde me veía yo consumiendo todas las drogas que me habían llevado hasta donde estoy hoy. Seguidamente caí en el suelo, me pare rápidamente y seguí caminando por el pasillo hasta que apareció una imagen de mi mismo invitándome a que abriese una puerta que estaba cerrada.

Al abrirla, me encontré con una escena muy desalentadora, la representación de mi mismo me comentó: “Esa fue la última vez que tomaste hasta quedar inconsciente, ¿Eso es lo que quieres de ti?” luego, nos movimos hacia otra puerta y se abrió de la nada mostrándome otra de las imágenes donde me veía en una cama tanto con mujeres como con hombres. Ahí desde mis espaldas escuché la voz de mi mismo diciéndome “Esta fue una ocasión que terminaste drogado y bebido dentro de una orgía con más de 20 personas con tus mismas fachas ¿Esto es lo que realmente te gusta? Cerró la puerta y continuamos el camino, giramos el pestillo de otra puerta y nos encontramos con una situación muy denigrante en mí vida, cuando robé a un niño su dinero para comprar una carterita de licor y una bolsa de anfetaminas para seguir hundiéndome en la nada y ocultar la vergüenza que me generó el haberle robado a ese pobre niño que ni sé del esfuerzo que sus padres hicieron para poder obtenerlo. Mi pepe grillo, así decidí llamarlo me dijo “¿Eso es lo que realmente quieres ser?” haciéndome sentir aún más mal de lo que me sentía. Al salir del cuarto y seguir caminando me encontré con la que era una puerta de salida, al abrirla no fue la calle lo que me encontré, cuando entré vi la peor escena que he podido presenciar en mí vida, el día que me acosté con una señora mayor por unos céntimos para poder adquirir lo que me llevaba a la gloria durante horas, pero al pasar su efecto llegaba a mí la sensación de vacío que me había acompañado por muchísimo tiempo, una vez más la voz de mi representación me habló, pero con mucho más enfado y me preguntó ¿Por esto es lo que realmente luchas? Al salir de ese sitio me encontraba devastado, con una ansiedad que pisaba mis límites dejándome con las ganas de beber y de drogarme para olvidar todo lo visto, pero caí al piso y junto a mí las lágrimas que había guardado durante todo este tiempo. Justamente sentí que alguien me agarró del mentón, cuando levanté la cara vi que era yo de niño.

¿Este era en realidad mi niño interno invitándome a jugar? ¿Qué hacía aquí? ¿En qué momento quedó atrapado en este pasadizo de tiempo? Hizo que me levantara y me tomó de la mano invitándome a otro cuarto, abrimos la puerta y aparecimos en un parque donde los columpios se movían poco a poco, al voltear me encontré con ese niño de mirada perdida que un día fui, riendo y disfrutando de un bonito día soleado. Ahí empecé a buscar dentro de mí, ¿desde hace cuanto no disfruto un día lleno de sol y sonrisas? ¿Desde hace cuanto no me tomaba un tiempo para meditar todo lo que había hecho? Esas eran las interrogantes que me abrumaban en ese momento.

Solté la mano de mi pequeño amigo, y le di un fuerte abrazo al niño de la mirada perdida dejándole en claro que todo iba a estar bien, me sonrió y estiró sus cortos brazos bordeando mi torso como queriendo decir que jamás lo volviese a dejar solo dentro de ese mundo. Así sellamos esa gran promesa que nos hicimos mutuamente de nunca abandonarnos el uno al otro. En solo instantes, mi pequeño amigo me volvió a agarrar la mano, y me adentró en el parque para que viera a mi familia teniendo un día de picnic compartiendo comida, abrazos y un poco de nuestras historias del día a día. La última vez que vi a mi familia fue hace 2 años, salí huyendo de mi casa luego de que mis papas se dieran cuenta que consumía cualquier tipo de estupefacientes para ahuyentar los demonios que se vinieron a vivir en mí luego de que los espantara del armario. No quería reglas, no quería responsabilidades, no quería rendirle cuentas a nadie, me sentía el rey del mundo, cuando en verdad solo era un pobre diablo al que se le había detenido la vida porque dejó que esta pasara por él y no él pasara por ella.

Luego de haber caminado todo esto alcé mi brazo y vi mi reloj, era muy tarde. Se me acercó un hombre vestido de negro y me dijo que solo podía salir del espejo si buscaba resolver el acertijo que me iba a entregar. Sacó de su maletín una caja negra y me la entregó. Al abrirla me conseguí con un pequeño espejo redondo. A su lado había una nota que rezaba “La soledad comienza cuando dejas de vivir contigo mismo” Alcé el espejo y vi como fueron desapareciendo los cuartos donde se encontraban las malas experiencias. Salí corriendo a abrazar a ese pequeño niño de mirada perdida, le grité que lo amaba y me acerqué a mí familia para gritarle lo mismo, los abracé, las lagrimas brotaron y se me volvió a aparecer el hombre vestido de negro, esta vez salía de una puerta a la cual me invitó a pasar. Al pasar, di algunos pasos, se apagaron las luces por un momento y luego sentí un escalofrío que iba ocupando cada milímetro de mi ser y aparecí en frente del espejo que estaba cerca del baño.

Llegué a mí cama, busqué una sabana y me acosté a dormir. A la mañana siguiente me encontré en el mismo camino, con el mismo espejo, y con el mismo grito. Esta vez si podía oír bien lo que decían, era algo como: “Si tú no puedes vivir contigo. ¿Quién lo hará?” pero con tanta distorsión que había en mi cabeza, nunca iba a entenderlo bien.

 

Otro shot para olvidar.

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Mis días siempre han sido un infierno que no tiene reparo, aunque busco la manera más elocuente para salir de este, termino sucumbiendo ante la llamada de aquel espiral lleno de decepción, tristeza, soledad y oscuridad en el que se ha convertido mi vida desde que tenía 15 años.

Desde que me despierto por las mañanas, los pensamientos que cobijan mi mente, son aquellos que me trasladan a épocas lejanas en donde las desdichas en las que vivía se apoderaban de mí. Violaciones, maltratos, insultos y golpes proporcionados por mi propia familia. Lo sé, mi vida no ha sido fácil. Me levanto para desayunar un tazón de cereal, y mis lágrimas recorren mis mejillas al pensar que mucha gente no lo puede hacer. A veces siento dentro de mi ese vacío de no poder hacerles llegar algo, pero se me pasa al ver los restos de mi sobrevivencia en un cuarto 2×2, que cuenta tan solo con una nevera con muchas jarras de agua, un cartón de leche, una vieja cama con olor a moho y un closet en donde guardo los pocos enseres que poseo.

Lo único que me motiva a seguir viviendo es que llegue la noche, pero antes voy 8 horas al trabajo a encontrarme con jefes mal encarados, compañeros que van siempre en la búsqueda de saciar su cuota de morbosidad hurgándoles la vida a los demás, alimañas de la administración pública que su única aspiración en la vida, es que su jefe tenga los testículos por debajo de los tobillos para no ser los próximos en la lista de despidos cuando hagan un nuevo recorte de personal en la entidad. Luego de entrar a trabajar en esta pocilga, me doy cuenta que mi destino se montó en el tren que va directamente hacia la mediocridad, y por más que trate de cambiarme, este corre tan rápido para que no me baje.

Durante las horas que paso en mi trabajo, la ansiedad de no saber que voy a hacer en la noche me consume. Llegan las 3 de la tarde, y mi teléfono empieza a sonar sin parar, invitaciones vienen y van a clubes nocturnos, a casas de amigos, a fiestas hasta el amanecer e inclusive a un viaje ida y vuelta a la playa. Tomar la difícil decisión de donde ir, me toma mucho más de 45 minutos, nunca me ha tomado menos. Llego a la casa, tomo una ducha rápida y cubro mi cuerpo con un vestido de satín color negro, que posee un escote en v, y muestra mucho más de lo que debería. Me maquillo sencillamente, me coloco mis pestañas postizas, mis extensiones y unos tacones negros de más o menos 20cm de altura.

Caía un poco más la noche, y llegaba directamente junto a mi grupo de “amigos” al área lounge de la discoteca de moda. Ya los dueños de dicho local nos conocían y recibían con el servicio que pedíamos cada vez que pisábamos sus instalaciones. El primer trago siempre me servía para entrar en ambiente. Me sentía desinhibida y mucho más sexy a las miradas de los hombres.

Cada vez que me servía otro, sentía como mi pasado se iba borrando conjuntamente con mi vista. Cada bebida que me tomaba, era como si tuviese dentro de ella el poder de ir secando todas las desdichas que habían ocurrido en mi vida. Pasada la media noche, llegó la ronda del tequila, esta hacía que cada mililitro de alcohol que entraba en mis venas, fuese arrancando de mi piel todos los besos y las caricias dadas por aquellas personas que me sostuvieron entre sus brazos de manera forzosa sin consentimiento alguno.

Minutos después llegó el momento del Martini, con cada trago de este, sentía como los recuerdos de aquellos insultos propiciados por quienes “me querían” se iban desapareciendo e iban apareciendo en sus bocas halagos a mí persona. Microsegundos más tarde llegaron los tragos dulces, esos que sin importar su buen sabor, no dejan de ser el líquido mágico que se expande por mi sistema venoso, cerrando cada herida hecha por las golpizas patrocinadas por los que alguna vez dijeron que me querían.

En definitiva, el efecto que producía en mí el alcohol, era el mismo efecto que produce la apertura de una jaula a un pájaro. Una sensación de haberme quitado de encima todo lo que me oprimía, haciendo que me desensimismara de las 4 paredes de mi ser. Sintiendo así la libertad que nunca había tenido porque jamás en mi existió la posibilidad de buscar las herramientas necesarias para destruir los barrotes que formaban aquel enrejado de metal que no me dejaba volar al futuro que merecía. Pero como todo lo bueno tiene su fin, esta sensación se esfumaba cada vez que la aguja del reloj caminaba de las 5:59 a las 6:00 am.

El sol salía, y la rutina junto al espiral de decepción, tristeza, soledad y oscuridad llegaba una vez más a mi vida, arropando cada hora, cada minuto, y cada segundo que comprendía mi día hasta que llegara la hora deseada.

Sólo espero una última llamada

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Una vez más estoy sentado en la misma silla esperando su llamada, la última vez que hablamos fue hace un par de meses. Me comentaba que su día había sido fantástico. Y con su voz yo dibujaba su rostro y la expresión con la que me decía las cosas, su tono de voz teñía la situación de color sepia dándome pie para imaginar toda la historia que me contaba.

Lamentablemente, la intensidad de sus llamadas bajó cuando apareció él en su vida, un hombre de tez blanca, alto de ojos azules, un poco más fornido que yo y con una vida muy interesante, por lo que escuché es dueño de uno de los bancos más prestigioso del país. Pero así son los ex`s, cuando todo termina no hay vuelta atrás, la cosa es que ella y yo no pusimos limites a la hora de irnos de la vida de ambos. Suena muy raro eso, pero así ha sido, dia a dia, le agregábamos un poco más de leña al fuego, hasta que llegó él a embadurnarla con joyas, viajes y todo lo que yo no podía darle.

Sigo enamorado de ella, lo que pasa es que ya no es la misma, aún sigo anclado a esa mujer de la que me enamoré esos primeros años, cuando esta no conocía lo que era la vida cara. Hay confesiones que se hacen una vez en la vida, esta es una: 50 años después, ambos ya nos hemos casado y divorciado de nuestras respectivas parejas, tenemos 3 hijos cada uno, y ya estos están grandes, me siento todas las tardes a esperar por lo menos que me llame por última vez para escuchar su voz e imaginarme toda la historia en color sepia.

Deja ir lo que quiera irse.

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En uno de esos poblados ubicados dentro de la india me encontré con una persona muy peculiar, no por coleccionar una cantidad de amigos de la manera más sana, sino por tener la mayor concentración de personas dentro de una jaula. Sí, una jaula en todo el sentido literal de la palabra.

Tuve la oportunidad de hablar con estos seres que estaban dentro de esta casa cubiertas de barrotes y preguntarles sobre su estancia dentro de la misma, ellos me comentaban que estaban cansados, algunos ya habían empezado a sentir desesperación y otros un poco de odio hacia la persona que los tenía en cautiverio.

Mientras hablaba con estos pude notar el deterioro cognitivo y el cansancio que sentían, además que el estado en el que se encontraba el espacio antes mencionado era deplorable. Los olores nauseabundos se mezclaban creando un aroma repugnante, el piso de la casa estaba repleto de excremento humano, orine, basura y residuos de comida dejadas por los habitantes de la casa, las puertas que eran de metal estaban oxidadas y las ventanas recubiertas por unas rejas que no dejaban entrar mucha luz, por eso mismo la iluminación dentro de este recinto era pobre y opaca generando un ambiente frío y obscuro.

Lo más insano de todo era como el secuestrador (dueño de la casa) trataba a sus víctimas, cuando este iba a llevarles la comida se acercaba con un cariño y un amor que ni el mismo se lo creía. Frases como “Toma mi amor,  abre la boquita” mientras la acariciaba el cabello o la espalda, eran las que salían de la boca de este trastornado señor.

Cuando salí del lugar me encontraba deprimido mientras la carreta me llevaba al hotel. Llegué  y me senté en el lobby a analizar la situación y busque construir la analogía perfecta de lo que había vivido en el día.

A veces los seres humanos somos tan egoístas, que dejamos a nuestro alrededor a esas personas que consideramos  que deben estar en esta sin preguntarnos ¿En realidad quieres quedarte en mi vida o quieres marcharte? Lo peor de todo, es que vamos cercándolos, ofreciéndoles las mil maravillas para que estos se queden y jamás se vayan. Con esto comprendí que debemos ofertar más libertad, respetar más los espacios de cada persona e incrementar nuestra reciprocidad. Cuando alguien te de las señales de que se quiere ir de tu lado, nunca evitarlo. Recordemos que el espacio de esa persona que no quiere estar en tu vida, puede ser reemplazado por alguien que si quiere entrar a esta y quedarse.