Carta: Querida Mujer

1521

Querida mujer, no dejes que palabras malsanas dichas por un hombre que no te ama dañen tu integridad, te hieran, te consuman, y vayan borrando el bello ser humano que eres. Quiero que sepas que  vales oro, por eso mismo no debes dejar que alguien te tire sobras de un te quiero, sino  buscar a una persona que de verdad sienta eso antes mencionado. Te invito a que llenes esos rincones vacíos que habitan en ti con cosas que te hagan evolucionar.

Querida fémina, a ti que eres madre, eres esposa, hija, sobrina, amiga,  date cuenta que en tus adentros hay una gran fuerza interna que mantiene de pie cada columna de tu templo, esa fuerza jamás olvides que existe. Esa es la que debes usar todos los días para demostrarte  que puedes lograr cada una de las metas que te propones.  Si llegas alguna vez a caer, exígete  levantarte, estoy seguro que con constancia y disciplina llegarás a donde quieras.

Mi estimada, no te ciñas a dietas extrañas, a pastillas desgastantes para así llegar a una talla 0 impuesta por la sociedad  y encajar dentro de “lo normal”, más bien cuida cada parte de tú cuerpo, duerme 8 horas diarias, toma agua, haz ejercicios para sentirte activa. Ríe a carcajadas, la vida es una sola.

Ya me siento más que un amigo tuyo, por eso te daré algunos consejos y espero que los aproveches: Tenlo por seguro que el mejor vestido que puedas enfundar no será de la marca más cara del mundo. Simplemente, con saber utilizar la seguridad de la que estás llena resaltarás ante quien use Louis vuitton, Prada o Gucci. Busca siempre que tú mayor virtud sea la bondad, esta es la que representará a quienes valoren la vida.

El mejor apoyo con el que cuentas siempre serán tus pies para dirigirte a donde vayas, se sabe que todo el mundo tiene a alguien allegado que puede ser de gran ayuda para establecer una meta específica, pero ten en cuenta que solo tú sabes el camino que debes recorrer para cumplir con esta. Procura que la intensidad del amor que sientas por ti, sea mayor a la suma de las profundidades de los 7 mares.

Por último, no te coloques ninguna máscara que tape la verdadera esencia con la que naciste, recuerda que la mejor belleza está dentro de nosotros y esa es valorada por quienes en realidad te aman desde el alma.

Date un tiempo para respirar.

tiempo-espera

Desde muy pequeño siempre cuando me caía, me cortaba o me daba un golpe, me sorprendía como con el tiempo iba regenerándose cada célula del moretón, de la caída o de la cortada, hasta que esa superficie afectada llegaba a su estado natural.

Cuando crecí me pasó lo mismo el día que comprendí que las heridas del alma también sanaban cada capa afectada hasta llegar a su estado principal. Siempre que nos vemos envueltos en una situación negativa que nos agota tanto física como mentalmente, debemos darnos un tiempo para recuperarnos, respirar hondo y curar todo lo malo que estas nos ocasionan.

De no ser así, viviríamos en un círculo vicioso en el que estaríamos hurgando insistentemente una zanja que no ha sanado, y por lo tanto anduviésemos malheridos transitando el camino de la vida.

Por eso mismo, si te encuentras saliendo de una mala situación, busca la manera de tomarte un tiempo prudente para quitarte la tierra que estos malos ratos te generan, y así volver al ring de boxeo llamado vida.

Aprendamos a atarnos la lengua.

lengua atada

He conocido personas que van por la vida como la antítesis del que habla lo preciso, comentando absolutamente todo lo que le ocurre a los demás, sin importar que tan interesante sea el mensaje para el receptor.

Para que se hagan una idea del tipo de conversación que suelen tener estos seres, les dejaré un extracto de la que tuve con alguien hace unos días atrás en un reconocido local maracayero. (Debo confesar que a medida que iba avanzando, mis ganas de irme fueron creciendo).

  • Ella: Sabes, a aquel hombre que conocimos en la fiesta la otra vez que estuvimos juntos, lo dejó la mujer, se operó y esta lo mandó pal coño.
  • Yo: ah, sí. Qué triste.
  • Ella: Y aquella amiga mía, la fea, la que nunca en su vida ha olido machete. Se puso las lolas y se está chuleando a un tipo millonario.
  • Yo: (No sabía qué cara poner para decirle que no me importaba)
  • Ella: Y mi vecino el que vive en el 2do B es ambidiestro, aunque él cree que nosotros no sabemos, para nadie es un secreto que le encanta morder la almohada y que le soben la nuca.
  • Yo: Me levanté de la silla, y le dije que ya venía. (Por supuesto, nunca volví)

 Ahí es donde yo me detengo y me hago la siguiente pregunta: ¿A mí que me importa la información que acabo de recibir? E inmediatamente saco una conclusión de quien tengo en frente.

En mi opinión, este tipo de personas son aquellas que no trabajan, que no estudian y no generan esa productividad que les permite hablar de lo bien que se sienten con lo que están logrando y con las metas que se tienen planteadas. A ellos les puede ir bien en el amor, en los negocios, en las relaciones sociales, pero es un bienestar inestable. Ya que aún estando acompañados, siempre estarán solos. Es que ¿Quién quiere estar con una persona que no sepa guardar un secreto? ¿Cómo sabes que puedes confiar en esa persona? ¿Cómo no ocultarle algo a esa persona si sabes que hay posibilidades de que lo cuente? Por eso mismo, debemos tener responsabilidad de lo que sale de nuestra boca, para no meternos, ni meter en ningún problema a otros, y así convertirnos en personas confiables ante los demás. Si de verdad queremos hablar de algo, hablemos de nosotros en su justa medida, no de cómo le va a nuestro vecino, amiga/o, pareja o arrejunte.

 Yo no soy quién para decirte que hacer, pero como filosofía de vida, siempre me ha parecido bien tener la lengua atada y dejarle esos otros temas a todas aquellas personas que no saben contener las ganas de hablar en exceso.

A modo de desahogo: ¿Dónde se fueron mis ganas de escribir?

Sé que esto se lee terrible de alguien que estudia Comunicación Social y tiene que estar constantemente escribiendo y persiguiendo ese estilo que lo definirá por el resto de su vida. Pero hay momentos en el que las ganas de escribir se desaparecen, como hay días también en donde a los creativos se les disipa la creatividad. Hoy es un día de esos. Aún no sé donde se fueron esas ganas de escribir, a lo mejor están en el fondo del mar o quizás se quedaron solo para plasmar mis sentimientos más profundos en el blog de notas de mí Smartphone. Si ven esas ganas por ahí, díganle que las ando buscando desde hace semanas.

Mi primer encuentro con la homofobia.

Nunca había asistido a un evento de índole gay, quizás porque estoy empezando a soltarme en este nuevo mundo, o simplemente mis prejuicios y el miedo no me dejaban acercarme a todos aquellos que me invitaban. 

Pero como siempre hay una primera vez, estábamos un grupo de personas reunidos en la esquina de la universidad, y salio el tema de la marcha del orgullo gay, que se llevaría a cabo en Madrid ese fin de semana. Entre todos los tópicos que se estaban tocando, comentaron la idea de ir. Primero me negué, pero luego de algunos segundos, revise mi agenda mentalmente, dejandome seducir por ese espacio libre que tenía para ese sábado siguiente 5 de julio. Sin siquiera revisar la agenda en físico, le dije a mi colega Pablo que aceptaba ir. 

La mañana de ese día, estaba terminando de pasar unos apuntes a mi diario personal universitario. Planes de estudios, clases que había perdido, y todas esas cosas que le dan a la vida universitaria, un toque algo tedioso. A eso de las 15hrs, me llama mi colega Pablo para confirmar la hora de llegada al punto de partida de dicha conglomeración. 

Me vestí con una chaqueta muy colorida, un blue jean, y unas botas con una hebilla dorada que cubría toda la parte central de las mismas. Al llegar al punto de encuentro con mis colegas, recordé al personaje de Mauri encarnado por el actor Luis Merlo diciéndole a Fernando en una de las escenas de la serie Aquí no hay quien viva, que a estas manifestaciones se acercaban familias enteras. 

Pude observar durante el recorrido personas llenas de felicidad expresando su orgullo por ser homosexuales, vi muchas carrozas adornadas con flores y cintas. Tíos que solo vestían su orgullo, mientras otros vestían suspensorios para mostrar lo orgulloso que estaban de sus esbeltos cuerpos. 

Hubo un momento en la manifestación, donde todos nos dispersamos de tanta gente que habia asistido. Unos terminaron en una avenida, y otros terminaron en otra. Yo me perdí de la ruta y me aleje de toda la multitud. Llame a los colegas, y estos no me atendían el móvil. 

Ya el sol había caído, y por ser la primera vez que estaba en ese tipo de eventos, no sabía cuales eran las calles que conducían al punto de llegada. Me senté en una banca a tratar de comunicarme con mis otros amigos, y recordé que unos días atrás había leído en un diario de circulación nacional, la existencia de ciertos grupos nazis amenazando con ir ese dia a matar homosexuales. 

Sin duda alguna, el temor me paralizo por un momento, pero  tenia que seguir buscando obtener comunicación con Pablo. Encontré el modo de pararme de la banca, y al subir la mirada vi que venia un grupo de personas enardecidas gritando “Fuera maricones” el odio que se veía en sus ojos, era el mismo que se aprecia cuando algún niño víctima de bullying es dejado en la puerta de cualquier instituto. 

Todos vestían pantalones de cuero, con chaquetas de este mismo material, unos tenían en sus manos armas de fuego, otros cargaban cadenas y otras personas venian con antorchas. Mis pies se encontraban sembrados al pavimento, a solo 20 metros de mi estaba la muerte. Todo empezó a caminarme en cámara lenta, el miedo recorría cada parte de mi cuerpo, sentí una presión que me subía hasta el pecho agitando mi corazón, helandome el torso y dejandome sin aliento.

En cuestión de microsegundos escuché como se acercaba un coche con las mismas características que el de otro de mis amigos llamado Ivan. Giré la cabeza hacia la calle que atravesaba la avenida, y vi que se acercaban cada vez más los faros del carro. Pablo abrió la puerta, entre los 3 que iban dentro, me despegaron del suelo cargandome hasta el interior del auto. A toda marcha huimos de ese sitio. Sintiendo el alivio mas grande de mi vida, rompí a llorar, mientras ellos me comentaban que gracias al gps de mi celular pudieron ubicarme. Si no hubiese sido por eso, no podría estar contando esta historia. 

Poema: Caminé hacia las sombras.

image

Cada paso que doy

Va enmarcando mi camino

Ya no sé ni quien soy

Ni tampoco tengo un destino

Nunca caminé en la luz

Siempre Caminé en excremento

Iba cargando una cruz

Hecha de piedra y de cemento

Caminé hacia las sombras

A un lugar donde no había ido

Busqué entre mis ataduras

Eso que tanto había aborrecido

Caminé hacia la sombra

A ese trecho perdido

Donde ninguna luz artificial o natural alumbra

Justo en la raíz de mi quejido

Y ahí empezó a fluir todo

Se empezaron a encender las luces

Comenzó a diluirse el lodo

Y fueron cayéndose las cruces